lunes, 22 de febrero de 2010

¡Ahora ustedes son mis brazos!

      Sucediò en un pueblo africano. El paìs estaba en guerra civil. Los rebeldes, enemigos del gobierno,entraban a los pueblos y aldeas, y todo lo que encontraban, lo destruìan y quemaban.

En la Iglesia parroquial, habìa un Cristo crucificado, tamaño natural. Los feligreses lo habìan colocado en el centro del altar. Presidìa la Iglesia, pero, sobre todo, la vida de aquellos hombres y mujeres, que creìan en El y lo amaban como Señor y el Amor de su vida.

Los rebeldes, llenos de furor, heridos por dentro, quisieron ensañarse con aquel pueblo creyente, y para lograr su diabòlico propòsito, decidieron romper los brazos y piernas de Cristo crucificado: lo que no hicieron los enemigos de Cristo en el Calvario ¡ Lo hicieron los rebeldes de turno, quizà drogados, con toda seguridad, cegados por su rabia e ignorancia !

Cuando regresaron los habitantes de aquel pueblo y vieron - con dolor y horror - còmo habìan mutilado tan salvajemente a Cristo, rezaron por los que habìan cometido aquella profanaciòn y ofensa a Dios, para que les perdonara lo que habìan cometido y les diera la posibilidad de cambiar su vida.

Tras una reuniòn de la comunidad parroquial, todos, ¡ por unanimidad ! decidieron no restaurar la imagen de Cristo, dejarla tal como la habìan encontrado: sin brazos, sin pies, pero,colocando un cartel, con letras grandes y muy visibles : ¡Ahora, USTEDES, son mis brazos y mis pies!

Esta comunidad de creyentes, estaba muy bien evangelizada. Habìan aprendido, muy bien, que, desde el momento en que recibimos la Vida de Dios y nacemos como hijos de Dios en el bautismo, formamos parte, somos miembros de Jesùs y somos ¡oh, misterio de Amor! " presencia y prolongaciòn de Jesùs, allì donde vivimos y trabajamos "

Aquellos catòlicos africanos, no inventaban nada nuevo. Simplemente, ponìan de relieve esa realidad, misteriosa y maravillosa, que nos declara Dios mismo, que aparece en la Biblia. Como referencia podemos señalar: Rom. 12,4 y ss; Ef 5,23 y ss; I Cor 12,12 y ss; Gal 3,28. Los catòlicos africanos , al colocar ese cartel, al pensar como pensaban, ponìan en evidencia que Jesùs y nosotros, los bautizados, formamos un solo y ùnico Jesùs. ¡Què maravilla! Como para volvernos locos de felicidad y agradecimiento.

Nos recordaban que podemos - y debemos - ser, dìa a dìa, los pìes y los brazos de Jesùs, hacièndole presente, trabajando para que todos le conozcan y le amen ¿ Cabe mayor honor y categorìa ?
 El poeta Mario Pomilio lo expresa asì :

" Cristo ya no tiene manos, / tiene solamente nuestras ma-nos/ para hacer hoy sus obras.

Cristo ya no tiene pies,/ tiene solamente nuestros pies/ para ir hacia los hombres.

Cristo ya no tiene voz,/ solamente tiene nuestra boca..."


Ante ese Amor tan personal e inabarcable, ¿no responderemos con entusiasmo, con todo el corazòn, animàndonos cada dìa a ser los brazos, los pies y la boca de Cristo?

jueves, 18 de febrero de 2010

Ensanchemos el corazón


    Fuimos modelados por el Amor personal de PAPA-DIOS. Y fuimos engendrados en su Corazòn, como hijos suyos muy queridos. En lo màs profundo de nuestro ser, en nuestra identidad personal, allì en lo màs ìntimo de nuestra personalidad, el ESPIRITU SANTO quiso grabar una vocaciòn, la razòn de ser de cada uno de nosotros: ser semejantes a EL, participar de su vida divina, por el Amor. Esta es la esencia y lo màs importante de nuestra vida.En nuestra humildad, en nuestra pequeñez personal, las Tres Divinas Personas quisieron sembrar nuestra grandeza y plenitud, nuestra realizaciòn personal: nuestra Felicidad.

¿Còmo lograr esa sublime vocaciòn ?
Por ser imagen y semejanza de Dios, por ser fruto del Amor, las Tres Divinas Personas nos concedieron un corazòn ensanchable. Fuimos engendrados y modelados en el Corazòn de DIOS- TRINIDAD, para amar y ser amados. Nuestra vida personal està hecha por amor y para amar. Esta realidad està como en semilla. Cuando movidos por el Amor, nos abrimos a los demàs, queriendo compartir ese Amor, nuestro corazòn se ensancha, se dilata y ¡ oh, maravilla ! cuanto màs Amor damos, màs aumenta el Amor en nosotros.Ensanchando nuestro corazòn, somos imagen de Dios- Amor. Cuando nos damos a los demàs, es cuando somos de verdad nosotros mismos.
Dilatando nuestro corazòn por el Amor, influimos y enriquecemos a los que amamos, pero sobre todo, nos beneficiamos nosotros, ya que amando es como nos humanizamos, nos enriquecemos por dentro. Por esta razòn, cuando queremos ser catòlicos por el Amor es cuando somos ricos, llenos por dentro, felices.Ser catòlico significa abrirse a todos, queriendo compartir el Amor que hemos recibido con todos, con los de cerca y con los de lejos. Amando, compartiendo el tesoro de nuestra Fe, queriendo que todos se beneficien de ese Amor, de esa salvaciòn que hemos recibido, es cuando somos misioneros. Y cuanto màs misioneros, màs catòlicos somos.
O para decirlo màs claro: no podemos ser catòlicos si no somos misioneros, si no amamos.

El dìa de nuestro Bautismo fuimos marcados para ser personas de corazòn tan grande como el mundo. Jesùs nos hizo suyos, nos hizo sus brazos y sus piernas y quiso que su Corazòn fuera, cada dìa, todos los dìas ¡ nuestro corazòn ! ¿Para què? Para que en nuestra humildad y pequeñez El se hiciera presente y asì, en cada uno de nosotros y por medio nuestro, su Amor fuera la fuente de vida y salvaciòn para todos. Somos presencia y prolongaciòn de Jesùs, allì donde vivimos y trabajamos. Nuestro corazòn dilatable no es ya nuestro sino de Jesùs. No lo podemos mantener cerrado sino abierto, para que El nos llene de su Amor y nosotros podamos ser corazones que den Amor, que hagan presente a Jesùs y El ame y salve a todos por medio nuestro.
Si hemos sido creados por amor y para amar, si hemos recibido un corazòn dilatable, lo hemos de ensanchar ¿còmo? amando, aficionàndonos a amar a todos, buscando su bien y ¿què mejor bien que todos conozcan al Dios vivo y verdadero, se aprovechen de su Amor y sean felices, ahora y por toda la eternidad ?