miércoles, 30 de noviembre de 2011

ESTA HISTORIA ES REALMENTE HERMOSA

Damián Aspinall es un apasionado conservacionista. Un buen día compró un gorila-bebé. Le puso por nombre: Kwibi. Durante cinco años lo tuvo a su cuidado, alimentándole con especial esmero, convencido de que tenía que llevarlo a la selva, su habitat natural. Damián, tenía en Africa occidental  un territorio dedicado a conservar animales, por lo que tan pronto pudo hizo realidad ese deseo suyo.
Se volvió a Inglaterra y siguió pensando en su gorila. A los cinco años, quiso buscar a su "mascota" la que él había alimentado y cuidado. No las tenía todas consigo. El gorila con diez años de edad y tras cinco sin haberle visto ¿Aparecería? ¿Lo reconocería? ¿Estaría agresivo?
El inglés se animó a intentar el encuentro, sabiendo que no sería fácil. Recorrió varias veces el río con su pequeño barco, gritando una y otra vez: " Kwibi, ven "
Lo que parecía imposible se hizo realidad. El gorila apareció en la orilla y cuando vió que Damián aparecía delante de él, el encuentro fue increíble. Así lo expresa el mismo protagonista "Me miró a los ojos con tanta intensidad y tal amor que fue una experiencia indescriptible. Nos sentamos juntos y me abrazó como a un amigo de muchos años que creía perdido. Fue hermoso"
El gorila estaba tan contento con Damián  que hasta le trajo a su "esposa" para que la pudiera conocer. A la hora de la despedida, no quería separarse de su bienhechor. No le quería soltar. Cuando el barco inició el camino de regreso, el gorila seguía mirando hasta que se perdió en el horizonte, internándose en la selva.
Un extraño y sorprendente caso de vinculación amistosa: un ser humano y un gorila. Damián tomó a ese gorila como algo suyo, mientras que el animal supo responder  valorando la dedicación y los cuidados que recibía.
La distancia, el tiempo que transcurrió sin verse eran motivo para que uno y otro se olvidaran, pero no fue así. Damián quiso comprobar por si mismo cuál sería la reacción del gorila hacia él, si es que lo podía localizar. Estaba convencido de que eso era algo muy improbable y casi imposible, pero lo intentó. Su curiosidad era más fuerte que sus cálculos. Con gran admiración y sorpresa por parte suya lo pudo lograr, viviendo una experiencia increíble que nunca más podría olvidar.
Si aplicamos - con todas las diferencias, muchas y grandes - esta historia a Dios y a cada uno de nosotros, tendríamos que reconocer que este gorila nos da ¡toda una lección! Siendo animal irracional y salvaje, es ejemplo de amistad, aprecio y agradecimiento.
Todos y cada uno de nosotros somos inmensamente amados, bendecidos, mimados por Dios. Todo le ha parecido poco a la hora de manifestarnos su generosidad. Tendríamos que vivir  tan unidos, fascinados, enamorados de Dios que toda nuestra vida debería una sinfonía de amor apasionado y agradecido, tan rebosantes de felicidad que se lo tendríamos que decir a todos, contagiándoles de nuestro amor y gratitud.
El gorila, cuando encontró a Damián, se abrazó a él, sin querer separarse de él. ¿Nosotros, al encontrarse Dios cada día con cada uno, le abrazamos con amor, gozo y gratitud?

martes, 22 de noviembre de 2011

SABER SER AGRADECIDO

¡Ha salvado a nuestro hijo! Esta era la frase que brotaba del corazón de dos padres de familia. La repetían una y otra vez y no se cansaban de expresar su emoción, gozo y agradecimiento. Sentían un agradecimiento tal por el que había salvado a su hijo de la muerte, que cada año le enviaban - desde el pueblo a la ciudad - un pavo. El hombre-salvador de su hijo les había conquistado el corazón. ¿Qué había realizado para merecer el agradecimiento, sincero y profundo de aquellos padres?  
El hijo de esta familia era constructor. Un día, en un descuido, perdió el equilibrio y cayó al suelo. Su compañero de trabajo, viéndole en tan terrible situación, no lo pensó dos veces. Lo llevó inmediatamente al hospital y, gracias a ese gesto, los médicos salvaron su vida.
Estos padres tenían un corazón grande, estaban llenos de amor, eran agradecidos. La vida temporal de su hijo era el máximo tesoro para ellos. Esta historia, sencilla, hermosa, elocuente tendría que ser la historia de cada uno de nosotros. Jesús ha venido en auxilio nuestro, humillándose, dando su vida, entregando su sangre preciosa. Todos y cada uno de nosotros, impresionados y conquistados por ese Amor, personal e inabarcable, de Jesús, estamos comprometidos a ser agradecidos con El porque hemos recibido la Vida que dura ¡para siempre!
Nuestro agradecimiento no puede ser una simple emoción que nos haga llorar de alegría. Ha de ser agradecimiento del corazón, de toda nuestra vida. La vida es el valor supremo de todo cuanto existe. La vida temporal es ¡cómo no! valiosa y digna de ser amada, pero la Vida con mayúscula, la Vida verdadera, la que no tendrá fin, no tiene comparación con nada. Para que la pudiéramos tener y gozar eternamente, Jesús no se conformó con abajarse hasta nuestro polvo, asumiendo nuestra humanidad, sino que nos amó hasta el extremo de morir- El -para que tuviéramos la vida divina, la vida eterna. Si el simple decirlo causa estremecimiento y admiración ¿qué no producirá si lo vivimos, lo hacemos realidad en nuestra existencia personal?
Día tras día, hemos de ser agradecidos. Jesús no nos pide un regalo, signo de nuestro agradecimiento. El espera que nuestra vida sea una Eucaristía, un continuo y gozoso agradecimiento. Todo el beneficio y aprovechamiento es para nosotros. Seamos agradecidos o vivamos despreocupados de todo lo que nos ama, El no gana ni pierde nada. Pero, la sabiduría popular nos recuerda: "Amor con amor se paga" Toda la eternidad será insuficiente para valorar, aprovechar y agradecer lo que Jesús ha hecho por cada uno de nosotros. Todo lo ha hecho por amor, desinteresadamente, pensando sólo en nuestro beneficio, felicidad y salvación. La respuesta no puede ser otra sino : agradecimiento sincero, continuo; viviendo íntima y gozosamente unidos a Jesús, queriendo, trabajando para que todos se aprovechen de El, disfruten cada día más y más de su Amor, sean felices y tengan la Vida que dura para siempre, la Vida que llena - de verdad y para siempre - el corazón humano.
Este es el regalazo más grande y valioso que podamos dar. Si así hacemos, somos verdaderamente agradecidos.-

miércoles, 9 de noviembre de 2011

SEAMOS PROTAGONISTAS

Nuestro Dios es genial, increíble, impresionante. Todo lo hace con sabiduría y amor. Su especialidad es hacer obras de arte, maravillas a cual más increíble. Su felicidad es hacer derroche de su generosidad, buscando siempre el bien, crecimiento y salvación de cada ser humano. En todo lo que hace sorprende, cautiva, enamora. La creación entera sigue reflejando la belleza, la generosidad de Dios.

La actividad creadora de Dios no se reduce a hacer derroche de su poder, sino que -día a día - está buscando hombres y mujeres que quieran ser protagonistas en esa Historia de Amor que El ha iniciado, que escribe sin cesar por medio de su Hijo muy querido Jesucristo, con la presencia del Espíritu Santo.

Esta Historia de Amor es la niña muy amada de los ojos de Dios-Trinidad. Todos y cada uno de los bautizados estamos llamados a ser protagonistas, a poner alma, corazón y vida en esta historia que empieza en el tiempo y culmina en el Cielo. Se trata de involucrarse de lleno en lo que empezó en el Corazón de Papa-Dios, se hizo posible en la entrega personal de Jesús en su muerte y resurrección, en la venida del

Espíritu Santo. Somos protagonistas cuando aceptamos a Jesús, movidos por el Espíritu Santo, y nos gozamos de vivir como hijos muy queridos de Dios, tratando de agradarle en todo.

Esa historia es demasiado hermosa para quedarnos fuera de ella. No podemos conformarnos con haber recibido el bautismo. Tampoco escondiendo el tesoro de nuestra fe, para algunos días señalados. Al estrenar un nuevo día, todos y cada uno de los bautizados estamos llamados a valorar y promover la vida divina, a agradecerla de corazón, compartiéndola con cuantos más podamos.

Es muy cierto que esta historia es Historia de Jesús. El la va escribiendo con toda perfección, con total dedicación y amor. Pero quiere, desea ardiente, apasionadamente nuestra colaboración y aporte personal. Anhela que esta Historia sea también nuestra. Todo su afán es conquistar y enamorar nuestro corazón, involucrarnos cada día más y más en ella. Nuestra felicidad y salvación son la clave y la razón de esa historia. Por eso, cada día, todos los días, el Espíritu Santo nos recuerda, con suavidad insistente y apremiante, a vivir íntima y gozosamente unidos a Jesús, a evangelizar "a tiempo y a destiempo" convencidos de que sólo así somos protagonistas y participes de esta Historia. De esta manera, El y nosotros, escribimos páginas muy hermosas en esta Historia, que disfrutaremos por toda la eternidad, asombrados y maravillados de lo que Jesús ha conseguido para nosotros, con nuestra pequeña pero valiosa colaboración. Hoy más que nunca todos hemos de entusiasmarnos con Jesús, sintiéndonos los más dichosos y privilegiados del mundo por tener su vida divina, su amor, su salvación, dando gracias a boca llena, con todo nuestro corazón y con nuestra vida por tener el tesoro incomparable de nuestra fe, trabajando con ilusión y alegría en que todos le conozcan y le amen. Se trata de contagiar a otros para que vivan como protagonistas y cada día haya más hombres y mujeres que disfruten de Jesús, de participar en esa "aventura tan increíble como apasionante". En esa Historia, maravillosa y misteriosa, nadie puede quedarse de brazos cruzados, conformarse con ser simples espectadores.

Las Tres Divinas Personas quieren a toda costa que asumamos nuestro puesto en esa Historia de Amor y Salvación, que seamos protagonistas activos, contagiosos. Lo único que falta es que cada uno quiera responder a tan magnífica llamada.

Todo depende de nuestra voluntad.

martes, 1 de noviembre de 2011

MENSAJE-IMPACTO

"Estaba en la capilla - confiesa la Hna Silverina Motta - frente a un Cristo crucificado, quien me miraba con increíble amor al tiempo que me decía ¡directamente a mi!, señalando con su mano: Vayan al mundo entero, anuncien a todos la Mejor Noticia, el evangelio de la Felicidad y Salvación" Esa imagen, ese mensaje impactó del manera a la monja que no se lo pensó dos veces. Se fue al Africa, continente en el que vivió evangelizando durante cuarenta años.

Hoy, Jesús, nos mira a todos, a cada uno con infinito cariño. Quiere necesitar de nuestra pequeña buena voluntad: de nuestras manos y pies, de nuestro corazón y cualidades para seguir amando y salvando a toda la humanidad. No nos pide que dejemos nuestra casa, tampoco nuestro país. La inmensa mayoría de los bautizados no lo pueden hacer . Lo que nos pide es que salgamos de nuestros mismos, de nuestro rincón personal y nos abramos al mundo. Se trata de aprovecharnos al máximo de Jesús, de ser cada día presencia y prolongación suya, gozándonos  cada vez  más y más de su Amor, colaborando con El en que todos le conozcan y le amen. Es una misión que recibimos personalmente el día-Acontecimiento de nuestro bautismo. Fue Jesús en persona, quien pronunciando -con infinito cariño y emoción-
nuestro nombre, nos confió esa tarea, la más grande y hermosa de todas, la más importante y trascendental de todas: facilitar el que El pueda amar y salvar a todos.

Lo que le sucedió a la Hermana Silverina tocó profunda y decisivamente su corazón. A cada uno de nosotros, el Espíritu Santo es el que nos recuerda, suave y continuamente, que estamos comprometidos con la felicidad y salvación de todos y cada uno de los seres humanos. Cada día Jesús fija sus ojos en nuestra persona, solicitando que le ¡echemos una mano! porque "la cosecha es abundante y los obreros son pocos" Nos recuerda que somos responsables no sólo de nuestra salvación eterna sino también de la salvación de todos los seres humanos.

Si respondemos a esa su confianza colaborando en su obra salvadora,  es como demostramos que somos verdaderos seguidores de Jesús. Sólo cuando vivimos unidos a El y valoramos de verdad el tesoro de nuestra fe es cuando comprendemos la importancia y urgencia de compartir con todos el amor y la salvación que hemos recibido, por pura gracia y sin ningún mérito por parte nuestra,
Podemos conocer cómo está nuestra salud espiritual, analizando cuánto valoramos la misión que Jesús nos quiso confiar. Es verdad que nuestra fe es vida de amor, pero la fe y el amor necesitan ser compartidas. Una fe, un amor puramente personales no son fe ni amor cristianos. Cuanto más fe y amor hay dentro de nosotros, más poderosamente sentimos la necesidad de abrirnos a todos, queriendo que todos se beneficien de esa nuestra fe, de ese nuestro amor.

La misión que Jesús nos ha confiado nos pone en evidencia: si somos o no verdaderos discípulos suyos.
Nuestro corazón, nuestra vida personal como creyentes han de ser ¡católicos!
Todos: niños, jóvenes, adultos, ancianos tenemos que vivir en estado de misión, abiertos a todos, rezando por todos, amando a todos, queriendo que TODOS conozcan a Jesús y sean felices, sean salvados por El.
Jesús cuenta con cada uno de nosotros. Nuestro mayor gozo será siempre responder a esa su confianza, poniendo alma, corazón y vida en El, trabajando con El para que su preciosa Sangre, su Muerte beneficie a todos: a los de cerca y a los de lejos. Dichosos nosotros si, día tras día, ponemos nuestro granito de arena en esa Obra, la más grande y trascendental de todas. -Ser cristiano-católico consiste en vivir con y desde Jesús, queriendo que todos conozcan la Verdad y sean salvados por El.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Pepe-mundo

¿Conocen a Pepe-mundo? Vale la pena que lo conozcan y se identifiquen cada día más y más con él.
Es alguien que toma muy en serio su fe cristiana-católica. Sabe que su pequeñez es demasiado visible y evidente, pero la asume -con tanto amor y buen humor- que la utiliza para crecer y multiplicarse en cada vez mayor número de personas. 
Les comparto el secreto, la clave de su vida. Desde que se levanta hasta que se acuesta su primera preocupación es abrirse, de par en par, al sol que calienta y llena de luz y vida nuestra existencia: a JESUS, convencido de que necesita  llenarse de El y de su Amor para que, con el corazón ensanchado, pueda orar, ayudar e influir en cada ser humano, en los cercanos y en los lejanos, compartiendo con todos lo que él ha recibido: su fe. 
En su familia, en su lugar de trabajo, todos le conocen por su forma de ser: siempre contento, ofreciéndose para servir, interesándose por todos y cada uno de los que se cruzan con él. 
Externamente es un ser humano muy normal. Lleva una vida tan sencilla que no llama la atención. Sin embargo, interiormente es muy rico y fecundo. Cuando uno lo contempla de cerca, enseguida advierte que es un ser muy espiritual. 
Vive su categoría divina, irradiándola en oleadas de amor y bondad. No hace falta decir que ama la oración, tanto que la practica sin cesar. Ora cuando camina y cuando trabaja, en la Iglesia y en su hogar. Todo le habla de Dios y todo le sirve para hablar con El.  Se extasía lo mismo ante una simple flor que  contemplando el firmamento repleto de estrellas. 
Su fe es tan viva y verdadera que cada vez que ve el globo terráqueo piensa - emocionado, feliz y agradecido - en el tesoro de su fe, tesoro que no tienen millones de seres humanos, realidad que le toca muy dentro de su alma. ¿Por qué? Esta realidad de millones de hombres y mujeres viviendo sin fe, sin luz, sin vida divina ... le conmueve de tal manera que ora intensamente por todos y cada uno de ellos, ofreciéndose a JESUS, entregándole su corazón, sus trabajos y sufrimientos  para que El los haga suyos y los convierta en luz y amor para el corazón de esa multitud de personas que ¡son muy amadas por Dios, salvadas por Jesús, marcadas por el Espíritu Santo! pero no lo saben, no lo valoran porque "nadie les ha evangelizado" Están a oscuras, caminan a tientas. Viven sin Vida, sin alegría ni esperanza.
Esta realidad, terrible, provocadora, le ha tocado tan profundamente que él mismo se ha cambiado el nombre. Ha dejado su nombre y apellido para los trámites legales, asumiendo su nueva identidad. Gusta decir a todos : ¡Soy PEPE-MUNDO!
Está tan feliz de su nueva identidad que cuando le preguntan por qué se llama con ese nombre, él sonríe y contesta: "Soy cristiano-católico. Soy pequeño pero mi corazón es grande. Necesito ensancharlo, día tras día. Quiero que al final de mi vida terrena, mi corazón sea tan grande que esté rebosante de personas, tan cargado de nombres que, por mi pequeña buena voluntad hayan podido conocer a Jesús, ser salvados por mi pequeña contribución personal, tantos que lo hayan dilatado hasta lograr que tenga el tamaño ¡del  mundo!. Esa es mi tarea que me confió el mismo Jesús. Estoy convencido que sólo así podré entrar al Cielo, Patria formada por ¡Pepes y Pepas-mundo!"

martes, 18 de octubre de 2011

UNA HISTORIA QUE NOS HACE PENSAR

En una playa un grupo de personas estaban dando gritos, pidiendo auxilio. El motivo era que una niña se estaba ahogando. Casualmente pasaba por allí un jovencito que, al oír los gritos, no lo pensó dos veces. Se quitó los zapatos y se lanzó al agua para salvar la vida de la niña. Tras duros esfuerzos logró lo que se proponía. Sacó a la niña a la orilla y después de hacerle la respiración, boca a boca, viendo que estaba respirando normalmente, tomó los zapatos y se desapareció entre la gente.

Ni siquiera prestó atención a los aplausos cerrados que le dieron los bañistas cuando vieron a la niña, sana y salva.  Pasaron algunos años y un buen día, el joven se puso a hablar con una muchacha. Ninguno de los dos  sabía nada del otro. Se encontraron sin buscarse. Fue un encuentro humanamente casual, sin imaginar siquiera que sus vidas se iban a unir para siempre. Empezaron a hablar intercambiándose datos personales. 

La muchacha le hizo saber al joven que, cuando niña, estuvo a punto de morir ahogada en una playa. Ese dato impactó de tal manera a muchacho que le faltó tiempo para preguntarle en qué año y playa sucedió tan gran peligro. La respuesta fue tan concreta y detallada que el joven abrazó afectuosamente a la muchacha, haciéndole saber que él fue quien la sacó del agua, librándola de una muerte segura. Los dos lloraron de pura emoción, siguieron siendo muy amigos hasta que llegó el momento de su noviazgo y feliz matrimonio.

Esta historia real es imagen, limitada pero muy elocuente, de lo que hizo Jesús con cada uno de nosotros. Estábamos condenados, irremisiblemente perdidos, sin salvación posible. El, impulsado por el inmenso amor que nos tiene, se lanzó decididamente a la muerte. Jesús murió y nosotros fuimos salvados. Tomó sobre si nuestra muerte y nos dio su Vida. Fue un intercambio, expresión rotunda de amor. Era tan grande e inabarcable ese su Amor hacia nosotros que hizo lo impensable e increíble ¡Se casó con nosotros! De esta forma, El y nosotros estaríamos unidos para toda la eternidad. ¿Cabe mayor felicidad?

¿No es todo esto motivo más que suficiente para vivir cada día más enamorados y agradecidos con Jesús y renovar cada día nuestra decisión de trabajar para que todos le conozcan y le amen?   

jueves, 13 de octubre de 2011

SALVO A 40.000 PERSONAS

En los horrores de la guerra mundial, hubo hombres y mujeres que, callada pero admirablemente, dieron testimonio elocuente de amor y generosidad. Unos son muy famosos, pero la mayoría se fueron de este mundo sin que nadie pudiera valorar ni publicar su entrega y dedicación en favor de su prójimo. Entre ellos, merece un puesto muy especial José Arturo Castellanos. Este hombre nació en la república centroamericana: San Salvador. Fue representante diplomático de su gobierno en varias naciones europeas, situación que aprovechó para salvar a cuantos más pudo, facilitando salvoconductos a todos los judíos que querían escapar de la furia mortal de los nazis. Se calcula que él salvó a cuarenta mil personas. Admirable generosidad y valentía. Cuando terminó su misión diplomática, se retiró y murió pobre y desconocido.
Este ejemplo de amor es realmente impresionante, digno de aplauso y merecedor de que se divulgue y todos queramos aprender de él: a pensar más en los demás que en nosotros mismos, sobre todo, cuando vemos la necesidad y situación de abandono o desamparo de las personas que sufren. Pero, este y otros ejemplos semejantes nos han de impulsar a fijar los ojos, el corazón, todo nuestro ser ¡en Jesús!, quien siendo Dios quiso dar la vida por todos los hombres de todos los tiempos. Salvar la vida temporal es algo grandioso y merecedor de todo nuestro reconocimiento, pero salvar la vida que dura para siempre no tiene ni punto de comparación. Si nos detuviéramos a reflexionar lo que Jesús hizo por todos y cada uno de nosotros, quedaríamos mudos de asombro, nos moriríamos de pura felicidad y, lo que es mejor de todo: nos enamoraríamos de El, aprovechándonos al máximo de su Amor, y toda la eternidad nos parecería insuficiente para valorarlo y agradecerlo.
Nos puede parecer que ya lo sabemos ¡Lo hemos oído incontables veces! pero Jesús, muerto y resucitado por nosotros, nunca lo sabremos bastante. Es la Verdad que cuanto más la personalizamos y profundizamos, tanto más nos apasiona y enriquece. Merece que la meditemos sin cesar, que la aprovechemos cuanto más podamos y la compartamos  a todos, por todos los medios a nuestro alcance.
Esta es la Verdad que transforma los corazones y logra efectos increíbles.
Dos mil años lo confirman.-