Cuando rezamos el Credo proclamamos una verdad, maravillosa y misteriosa: " Creo en la comuniòn de los Santos "
Es muy posible que nuestro corazòn no vibre, no se acelere ni salte de gozo al declarar, pùblicamente y rotundamente, que todos estamos unidos en Cristo, los que estàn en el Cielo viendo a Dios, cara a cara, y nosotros los que todavìa estamos camino hacia el Cielo. Unos y otros, mutuamente,nos inter-comunicamos. Los que estàn en el Cielo influyen decisiva y continuamente en nosotros, que estamos en este mundo. Nosotros, desde el Amor y la Fe, vivimos en comuniòn, afectiva y efectiva, con los que estàn en el Cielo.
Esa comuniòn, esa inter-comunicaciòn, aunque no la veamos ni la sintamos con nuestros sentidos, es màs real que nuestra propia humanidad, corporal y visible.
Esta comuniòn, esta inter-comunicaciòn es tan profunda y enriquecedora que desborda toda nuestra imaginaciòn.
Es inimaginable, imposible de entender y menos de poderla abarcar. Es el misterio del Amor de Jesùs hacia nosotros que es el que hace posible que su santidad, la fuerza de su Amor pase de El hacia todos y cada uno de nosotros, ya que los que estàn en el Cielo y los que estamos todavìa en este mundo, somos su Cuerpo. Ellos nos dan, nosotros recibimos. Y recibimos para dar y compartir. Todos queda mos enriquecidos y santificados.
Esa influencia, santificante y bienhechora, es misteriosa y maravillosa. ¡Ah, si la vièramos, si la experimentàsemos como la ven y experimentan nuestros herma nos en el Cielo, nos morirìamos de pura felicidad !
El Dìa de la Verdad, cuando estemos en el Cielo y veamosa Dios, cara a cara, comprenderemos la riqueza que hemos recibido de infinidad de santos, unos conocidos y la inmensa mayorìa desconocidos. Ellos nos han sostenido, alimentado, fortalecido y consolado - con y desde Jesùs - facilitàndonos el crecimiento espiritual, la vida divina en cada uno de nosotros. Esta actividad la realizan continua e ininterrumpidamente, de dìa y de noche.
¿Para què influyen tanto y tan poderosamente nuestros hermanos del Cielo ? Para que cada uno de nosotros nos aprovechemos al màximo de Jesùs, disfrutemos todo lo màs que podamos de su Amor y tambièn nosotros, creciendo cada dìa en fe y santidad, influyamos entre nosotros, pero sin esa multitud, incontable y creciente, de hombres y mujeresque todavìa no conocen ni aman a Jesùs. Esa influencia nuestra ha de ser activa y efectiva: con el testimonio de nuestra vida, con la oraciòn, con nuestro empeño de evangelizar " a tiempo y a destiempo " utilizando para ello todos los medios a nuestro alcance.
Jesùs, nuestra Cabeza, santifica, llena de vida a todo su Cuerpo: a sus miembros que estàn en el Cielo, a los que estamos peregrinando por este mundo y, por medio nuestro, a todos nuestros hermanos en la Fe. a todos los hom bres y mujeres del mundo, a quienes El quiere que sean tambièn miembros suyos y se beneficien de su Amor y salvaciòn. Todos, niños y ancianos, sanos y enfermos, hemos de asumir - con gozo y entusiasmo -esa misiòn que Jesùs nos encomienda a cada uno. Nuestro mayor gozo ha de ser facilitar a Jesùs para que consiga lo que El tanto desea y tan ardientemente quiere : que " todos conozcan la Verdad y se salven ".-
miércoles, 15 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
CREYENTES-MISIONEROS ¡ BINOMIO INSEPARABLE !
Alguien- con mucho amor y una pizca de buen humor - ha dicho una frase, muy sabia y muy actual, frase que nos tendrìa que hacer pensar a todos ( pastores y laicos ) impulsàndonos a tomar, cada dìa, màs en serio nuestra Fe, cristiana y catòlica, nuestro compromiso misionero. La frase es la siguiente (espero que la transcriba fielmente) :"Jesùs, hoy y ahora, nos llama a todos y cada uno de los bautizados, a ser verdaderos discìpulos suyos, a ser mejores evangelizadores, porque si no fuèramos cristianos-misioneros,desgastados en Amor por El, terminarìamos por ser bautizados oxidados por la rutina"
Desde el Dìa-Acontecimiento, el dìa glorioso y màs importante de toda nuestra vida ¡el Dìa de nuestro Bautismo! el Espìritu Santo nos consagrò como miembros del Cuerpo de Cristo, marcàndonos como presencia y prolongaciòn de Jesùs, enviàndonos a anunciar a todos, a los de cerca y a los de lejos, la Persona de Jesùs, su Amor, sus enseñanzas, su Salvaciòn.
Esta misiòn nos la ha vuelto a recordar a travès de los Obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida, resumièndola en una frase-consigna: "Sean discìpulos y misioneros de Jesùs"
Si somos discìpulos de Jesùs, somos tambièn misioneros suyos. Son dos facetas inseparables. La Fe y la Misiòn son dos elementos esenciales, que se involucran el uno en el otro. El que vive en Jesùs, siente la necesidad de compartir esa Vida con cuantos màs pueda.
Un dìa, una señora se ofreciò a llevarme en su automòvil. Como era mujer muy llena de Jesùs, me hizo saber - con toda sencillez y naturalidad -: "Aprovecho todas las ocasiones para evangelizar. Cuando tengo que hacer cola para pagar algùn servicio pùblico (agua, luz, tfno) hablo de Jesùs, de su Amor, a cuantos esperan su turno para cancelar su recibo en la taquilla"
Una vez màs se cumple " el Amor tiene imaginaciòn " Cada uno habla de lo que vive y valora, de lo que ama y lleva dentro de si. Si valoramos el tesoro de nuestra Fe, nos alegraremos de compartir lo que vivimos y creemos. Es imposible que disfrutemos de Jesùs, de su Amor y Salvaciòn y no seamos misioneros. Asì como una luz ilumina, un creyente gozoso es un misionero contagioso. Nuestra vida es la mejor predicaciòn, pero cuanto màs llenos vivamos de Jesùs, màs nos gozaremos de inventar maneras para darle a conocer, anhelando que todos le conozcan y le amen.
Esto ha sido verdad y convencimiento durante 2.000 años, y asì seguirà siendo hasta el final de los siglos. Justo es que lo hagamos realidad en la vida de cada uno de noso tros, deseando ardientemente " desgastar nuestra vida por Jesùs ", allì donde vivimos y trabajamos, ya que cuanto màs trabajamos por El, mayor es el beneficio y crecimiento para nosotros.
Si Jesùs se desgastò por completo por cada uno de nosotros, lo normal ha de ser que cada uno queramos desgastarnos por El. ¿Cabe mayor felicidad ?
Desde el Dìa-Acontecimiento, el dìa glorioso y màs importante de toda nuestra vida ¡el Dìa de nuestro Bautismo! el Espìritu Santo nos consagrò como miembros del Cuerpo de Cristo, marcàndonos como presencia y prolongaciòn de Jesùs, enviàndonos a anunciar a todos, a los de cerca y a los de lejos, la Persona de Jesùs, su Amor, sus enseñanzas, su Salvaciòn.
Esta misiòn nos la ha vuelto a recordar a travès de los Obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida, resumièndola en una frase-consigna: "Sean discìpulos y misioneros de Jesùs"
Si somos discìpulos de Jesùs, somos tambièn misioneros suyos. Son dos facetas inseparables. La Fe y la Misiòn son dos elementos esenciales, que se involucran el uno en el otro. El que vive en Jesùs, siente la necesidad de compartir esa Vida con cuantos màs pueda.
Un dìa, una señora se ofreciò a llevarme en su automòvil. Como era mujer muy llena de Jesùs, me hizo saber - con toda sencillez y naturalidad -: "Aprovecho todas las ocasiones para evangelizar. Cuando tengo que hacer cola para pagar algùn servicio pùblico (agua, luz, tfno) hablo de Jesùs, de su Amor, a cuantos esperan su turno para cancelar su recibo en la taquilla"
Una vez màs se cumple " el Amor tiene imaginaciòn " Cada uno habla de lo que vive y valora, de lo que ama y lleva dentro de si. Si valoramos el tesoro de nuestra Fe, nos alegraremos de compartir lo que vivimos y creemos. Es imposible que disfrutemos de Jesùs, de su Amor y Salvaciòn y no seamos misioneros. Asì como una luz ilumina, un creyente gozoso es un misionero contagioso. Nuestra vida es la mejor predicaciòn, pero cuanto màs llenos vivamos de Jesùs, màs nos gozaremos de inventar maneras para darle a conocer, anhelando que todos le conozcan y le amen.
Esto ha sido verdad y convencimiento durante 2.000 años, y asì seguirà siendo hasta el final de los siglos. Justo es que lo hagamos realidad en la vida de cada uno de noso tros, deseando ardientemente " desgastar nuestra vida por Jesùs ", allì donde vivimos y trabajamos, ya que cuanto màs trabajamos por El, mayor es el beneficio y crecimiento para nosotros.
Si Jesùs se desgastò por completo por cada uno de nosotros, lo normal ha de ser que cada uno queramos desgastarnos por El. ¿Cabe mayor felicidad ?
martes, 31 de mayo de 2011
TAL COMO SEA TU CORAZON...
Un dìa un sabio dijo esta frase: " Dime còmo es tu corazòn y te dirè còmo tù eres. Si tu corazòn es amplio, eres grande. Si tu corazòn es reducido, eres enano. De ti depende: tu felicidad y grandeza personal, tu desgracia y pequeñez"
Esta Sabidurìa ha sido la felicidad de cuantos han tomado en serio a Jesùs y se han dejado amar por El. Es el Espìritu Santo el que ensancha nuestro corazòn ¿ Còmo ? Llenàndo lo de su Amor.
El ser humano, por si mismo, es corazòn reducido. Pero en el momento en que aceptamos a Jesùs, lo que era pequeño se dilata y se ensancha. Esta increible realidad la han vivido y experimentado todos y cada uno de los santos. La podemos confirmar y experimentar todos y cada uno de los bautizados: basta que abramos el corazòn y dejemos que Jesùs entre en èl.
No hay nada màs triste y lamentable que un corazòn cerrado. Es la desgracia màs grande: en ese corazòn no cabe màs que un cero: un yo. Esta es la causa, la explicaciòn de tanta gente que, cerrada en su propia pequeñez, se asfixia y se muere,lenta e inexorablemente.
Cada bautizado està llamado a ser persona de corazòn tan grande como el mundo. Jesùs, en persona, con y desde el Espìritu Santo, nos dice, con inmensa emociòn y cariño :
"Soy tuyo. Tù eres mì@. El mundo entero te pertenece. Quiero que lo hagas tuyo: con el Amor y la Fe. Tu corazòn ha de ensancharse, cada dìa, todos los dìas, abrièndote a Mi, orando, trabajando para que todos me conozcan y me amen. Tu corazòn ha de acoger a cada vez mayor nùmero de personas: conocidas y desconocidas. Esa es tu grandeza y tu felicidad, ahora y por toda la eternidad"
Cada uno decide lo que quiere ser: grande o pequeño, feliz o desgraciado. Jesùs nos llama a ser corazòn grande. Todo su afàn es conquistarnos y enamorarnos con su Amor. Si estamos llenos de su amor, en donde vivamos y por donde pasemos amaremos, acogiendo- en nuestro corazòn- a cada vez mayor nùmero de personas. Seràn las personas amadas las que ensancharàn nuestro corazòn. Esta es la clave para lograr nuestra planitud personal, nuestra grandeza verdadera, la felicidad que llene todas nuestras aspiraciones màs profundas.
Si Jesùs nos ha dado su Amor, su salvaciòn, no lo ha hecho para que vivamos cerrados, en un corazòn reducido, sino para que vivamos con El la vida de Dios y nuestro corazòn se agrande y se ensanche, queriendo compartir con cuantos màs podamos: con los de cerca y con los de lejos, esa Vida y esa Salvaciòn.
Ser y vivir desde esta perspectiva de Jesùs es la mejor decisiòn que podemos hacer. Viviendo abiertos a Jesùs, con el corazòn lleno de Amor, nos engrandecemos asemejàndonos a Dios, logrando la dicha màs grande y verdadera: anticipar el cielo en la tierra.
¿ Nos animaremos a probarlo y experimentarlo ?
Esta Sabidurìa ha sido la felicidad de cuantos han tomado en serio a Jesùs y se han dejado amar por El. Es el Espìritu Santo el que ensancha nuestro corazòn ¿ Còmo ? Llenàndo lo de su Amor.
El ser humano, por si mismo, es corazòn reducido. Pero en el momento en que aceptamos a Jesùs, lo que era pequeño se dilata y se ensancha. Esta increible realidad la han vivido y experimentado todos y cada uno de los santos. La podemos confirmar y experimentar todos y cada uno de los bautizados: basta que abramos el corazòn y dejemos que Jesùs entre en èl.
No hay nada màs triste y lamentable que un corazòn cerrado. Es la desgracia màs grande: en ese corazòn no cabe màs que un cero: un yo. Esta es la causa, la explicaciòn de tanta gente que, cerrada en su propia pequeñez, se asfixia y se muere,lenta e inexorablemente.
Cada bautizado està llamado a ser persona de corazòn tan grande como el mundo. Jesùs, en persona, con y desde el Espìritu Santo, nos dice, con inmensa emociòn y cariño :
"Soy tuyo. Tù eres mì@. El mundo entero te pertenece. Quiero que lo hagas tuyo: con el Amor y la Fe. Tu corazòn ha de ensancharse, cada dìa, todos los dìas, abrièndote a Mi, orando, trabajando para que todos me conozcan y me amen. Tu corazòn ha de acoger a cada vez mayor nùmero de personas: conocidas y desconocidas. Esa es tu grandeza y tu felicidad, ahora y por toda la eternidad"
Cada uno decide lo que quiere ser: grande o pequeño, feliz o desgraciado. Jesùs nos llama a ser corazòn grande. Todo su afàn es conquistarnos y enamorarnos con su Amor. Si estamos llenos de su amor, en donde vivamos y por donde pasemos amaremos, acogiendo- en nuestro corazòn- a cada vez mayor nùmero de personas. Seràn las personas amadas las que ensancharàn nuestro corazòn. Esta es la clave para lograr nuestra planitud personal, nuestra grandeza verdadera, la felicidad que llene todas nuestras aspiraciones màs profundas.
Si Jesùs nos ha dado su Amor, su salvaciòn, no lo ha hecho para que vivamos cerrados, en un corazòn reducido, sino para que vivamos con El la vida de Dios y nuestro corazòn se agrande y se ensanche, queriendo compartir con cuantos màs podamos: con los de cerca y con los de lejos, esa Vida y esa Salvaciòn.
Ser y vivir desde esta perspectiva de Jesùs es la mejor decisiòn que podemos hacer. Viviendo abiertos a Jesùs, con el corazòn lleno de Amor, nos engrandecemos asemejàndonos a Dios, logrando la dicha màs grande y verdadera: anticipar el cielo en la tierra.
¿ Nos animaremos a probarlo y experimentarlo ?
miércoles, 18 de mayo de 2011
JESUS, EL VIVIENTE, ESTA MAS ACTIVO QUE NUNCA
Hoy màs que nunca, todos hemos de estar atentos a las inspiraciones-actuaciones del Espìritu Santo, captando sus señales que, aunque no son ruidosas ni son valoradas por los medios de comunicaciòn social, son continuas, podero sas, eficaces, muy dignas de ser valoradas y tomadas muy en cuenta.
A principios de este año, en Roma, el Papa Benedicto XVI se reuniò con unas comunidades neo-catecumenales. ¿Què sucediò ? Nada màs y nada menos que 245 familias se ofrecieron al Papa para que èl, en nombre de toda la Iglesia, les enviara a evangelizar a donde èl considerase màs necesario. Estas familias fueron enviadas a 43 naciones ¡ Què hermoso testimonio de amor y de fe ! Toda la Iglesia se goza de que Jesùs siga dando vida, haciendo vivientes, regalando Amor y salvaciòn.
Este acontecimiento eclesial, una magnìfica actuaciòn del Espìritu Santo, pasò pràcticamente desapercibida por los medios de comunicaciòn social. Lo grande, bueno y bello de la Iglesia tiene poca o escasa cobertura para muchos periodistas y agencias noticiosas. La santidad de Jesùs en tantos hombres y mujeres, que saben ser testigos de Dios y de su Amor, incluso en las condiciones màs difìciles y admirables, - para ellos - no es noticiable ni digna de ser tomada en cuenta. ¡ Què desgracia tan lamentable ! Les gusta màs publicar escàndalos, pecados, casos reales o exagerados de obispos, sacerdotes o monjas, como si ellos y sòlo ellos fueran la Iglesia. Ellos saben muy bien que estos casos, tristes y deplorables, son una minorìa, una gota en el mar, una mancha en el cuadro màs grande y bello que Dios pudo realizar, pero estàn decididos a hacer creer a la opiniòn pùblica que la gota es màs importante que el mar, la mancha màs valiosa que toda la belleza del cuadro. Una vez màs, se confirma lo que Jesùs habìa anunciado: "Los hijos de la oscuridad son màs astutos que los hijos de la Luz"
Por eso, todos y cada uno de los bautizados, enamorados de Jesùs, felices y agradecidos por ser Iglesia, tendrìamos que crecer cada dìa en santidad, imitar a los que se ponen a la orden del Espìritu Santo, y difundir, por todos los medios a nuestro alcance, tantas cosas hermosas, admirables e imitables que realiza Jesùs, en su Iglesia: en tantos hombres y mujeres que viven su fe, que la gozan y comparten.
Es verdad que - sòlo al final, en el Cielo - podremos captar en su profundidad y extensiòn las maravillas del Espìritu Santo que ha realizado en la Iglesia y por medio de ella: en cada uno de nosotros, en la humanidad. Pero no es menos verdad que ¡para gloria de Dios-Trinidad y estìmulo para todos! nos hemos de gozar en ser propagandistas de Jesùs, de las obras que El hace, convencidos de que asi hacemos muchìsimo bien y somos nosotros los primeros en beneficiarnos. Si Jesùs, el Viviente, està màs vivo y activo que nunca, nosotros que somos su Cuerpo, sus miembros, ¿No hemos de ser vivientes, activos, facilitando a Jesùs el que haga su obra en nosotros y por medio nuestro en los cercanos y en los lejanos?
A principios de este año, en Roma, el Papa Benedicto XVI se reuniò con unas comunidades neo-catecumenales. ¿Què sucediò ? Nada màs y nada menos que 245 familias se ofrecieron al Papa para que èl, en nombre de toda la Iglesia, les enviara a evangelizar a donde èl considerase màs necesario. Estas familias fueron enviadas a 43 naciones ¡ Què hermoso testimonio de amor y de fe ! Toda la Iglesia se goza de que Jesùs siga dando vida, haciendo vivientes, regalando Amor y salvaciòn.
Este acontecimiento eclesial, una magnìfica actuaciòn del Espìritu Santo, pasò pràcticamente desapercibida por los medios de comunicaciòn social. Lo grande, bueno y bello de la Iglesia tiene poca o escasa cobertura para muchos periodistas y agencias noticiosas. La santidad de Jesùs en tantos hombres y mujeres, que saben ser testigos de Dios y de su Amor, incluso en las condiciones màs difìciles y admirables, - para ellos - no es noticiable ni digna de ser tomada en cuenta. ¡ Què desgracia tan lamentable ! Les gusta màs publicar escàndalos, pecados, casos reales o exagerados de obispos, sacerdotes o monjas, como si ellos y sòlo ellos fueran la Iglesia. Ellos saben muy bien que estos casos, tristes y deplorables, son una minorìa, una gota en el mar, una mancha en el cuadro màs grande y bello que Dios pudo realizar, pero estàn decididos a hacer creer a la opiniòn pùblica que la gota es màs importante que el mar, la mancha màs valiosa que toda la belleza del cuadro. Una vez màs, se confirma lo que Jesùs habìa anunciado: "Los hijos de la oscuridad son màs astutos que los hijos de la Luz"
Por eso, todos y cada uno de los bautizados, enamorados de Jesùs, felices y agradecidos por ser Iglesia, tendrìamos que crecer cada dìa en santidad, imitar a los que se ponen a la orden del Espìritu Santo, y difundir, por todos los medios a nuestro alcance, tantas cosas hermosas, admirables e imitables que realiza Jesùs, en su Iglesia: en tantos hombres y mujeres que viven su fe, que la gozan y comparten.
Es verdad que - sòlo al final, en el Cielo - podremos captar en su profundidad y extensiòn las maravillas del Espìritu Santo que ha realizado en la Iglesia y por medio de ella: en cada uno de nosotros, en la humanidad. Pero no es menos verdad que ¡para gloria de Dios-Trinidad y estìmulo para todos! nos hemos de gozar en ser propagandistas de Jesùs, de las obras que El hace, convencidos de que asi hacemos muchìsimo bien y somos nosotros los primeros en beneficiarnos. Si Jesùs, el Viviente, està màs vivo y activo que nunca, nosotros que somos su Cuerpo, sus miembros, ¿No hemos de ser vivientes, activos, facilitando a Jesùs el que haga su obra en nosotros y por medio nuestro en los cercanos y en los lejanos?
martes, 10 de mayo de 2011
¡ VAYAN A COMUNICAR A TODOS... LA MEJOR NOTICIA !
Jesùs mismo nos dice, hoy, a todos y cada uno de nosotros lo que dijo cuando se apareciò resucitado: " ¡Vayan a comunicar a todos la mejor Noticia!"
Nuestra fe, cristiana y catòlica, no es sòlo para vivir resucitados con Cristo, sino tambièn para sabernos anunciadores de la Mejor Noticia: que Jesùs vive y quiere ser la Vida de todos.
Cuenta san Agustìn que los cristianos de su tiempo vivìan el misterio de la resurrecciòn de Cristo con tanto gozo y convencimiento que, los que no eran cristianos lo veìan, lo palpaban de tal manera que quedaban impresionados, impactados por ese acontecimiento que, no pocos, se convertìan y aceptaban a Jesùs como Dios y Salvador " Esta apariciòn - asegura el obispo de Hipona - hacìa que muchos reconocieran a Cristo "
Nuestra fe es viva y verdadera si vivimos con Jesùs, queriendo que todos le conozcan y le amen.Hemos de estar convencidos de que: vivencia personal de Jesùs y misiòn son inseparables.
Jesùs vive en nosotros, nos ama y hace partìcipes de su Vida, para que cada uno de nosotros facilitemos el que pueda amar y dar a vida a todos ¡ por medio nuestro !
Nuestro mundo actual pide, reclama a gritos, a Cristo resucitado, ya que necesita la Vida, la Paz, la Salvaciòn que sòlo El puede darnos
¿ Quienes tienen que responder a tan angustioso y legìtimo reclamo ? ¡¡¡ NOSOTROS, los que somos su presencia y prolongaciòn !!!
Nuestra vida personal ha de ser tan sencilla y hermosa que cuantos nos vean no tengan màs remedio que declarar : ¡ Verdaderamente Cristo ha resucitado !
Nuestra mejor y màs elocuente predicaciòn es nuestra forma de ser, de vivir. Pero, tambièn nos hemos de valer de los medios de comunicaciòn, de los que estàn a nuestro alcance, para difundir y promover la Mejor Noticia. Esa ha de ser nuestra màs grande e ìntima satisfacciòn. Esa es nuestra manera de agradecer y merecer el tesoro de los tesoros: nuestra Fe catòlica.-
Nuestra fe, cristiana y catòlica, no es sòlo para vivir resucitados con Cristo, sino tambièn para sabernos anunciadores de la Mejor Noticia: que Jesùs vive y quiere ser la Vida de todos.
Cuenta san Agustìn que los cristianos de su tiempo vivìan el misterio de la resurrecciòn de Cristo con tanto gozo y convencimiento que, los que no eran cristianos lo veìan, lo palpaban de tal manera que quedaban impresionados, impactados por ese acontecimiento que, no pocos, se convertìan y aceptaban a Jesùs como Dios y Salvador " Esta apariciòn - asegura el obispo de Hipona - hacìa que muchos reconocieran a Cristo "
Nuestra fe es viva y verdadera si vivimos con Jesùs, queriendo que todos le conozcan y le amen.Hemos de estar convencidos de que: vivencia personal de Jesùs y misiòn son inseparables.
Jesùs vive en nosotros, nos ama y hace partìcipes de su Vida, para que cada uno de nosotros facilitemos el que pueda amar y dar a vida a todos ¡ por medio nuestro !
Nuestro mundo actual pide, reclama a gritos, a Cristo resucitado, ya que necesita la Vida, la Paz, la Salvaciòn que sòlo El puede darnos
¿ Quienes tienen que responder a tan angustioso y legìtimo reclamo ? ¡¡¡ NOSOTROS, los que somos su presencia y prolongaciòn !!!
Nuestra vida personal ha de ser tan sencilla y hermosa que cuantos nos vean no tengan màs remedio que declarar : ¡ Verdaderamente Cristo ha resucitado !
Nuestra mejor y màs elocuente predicaciòn es nuestra forma de ser, de vivir. Pero, tambièn nos hemos de valer de los medios de comunicaciòn, de los que estàn a nuestro alcance, para difundir y promover la Mejor Noticia. Esa ha de ser nuestra màs grande e ìntima satisfacciòn. Esa es nuestra manera de agradecer y merecer el tesoro de los tesoros: nuestra Fe catòlica.-
martes, 3 de mayo de 2011
¡¡¡ UNA MUY GRANDE FIESTA EN EL CIELO !!!
En el Cielo estàn siempre en fiesta. Esa fiesta es tan grande y tan continua que es la Felicidad sin fin. Pero, el dìa 1 de mayo, el ambiente festivo se hizo especialmente gozoso.
¿ Por què ? ¡ Por la beatificaciòn de Juan Pablo II, un hom bre enamorado de Jesùs, excelente misionero ! Todos los santos del Cielo estaban muy ciertos de que esa beatificaciòn realizada en Roma, ya habìa sido celebrada y ratificada - hacìa ya muchìsimo tiempo - por Dios-Trinidad, con todos los àngeles y bienaventurados. Lo que sucediò en el mundo entero ( no sòlo en la Iglesia catòlica ) tuvo especial resonancia en el Cielo. No podemos olvidar nunca que la Iglesia de Jesucristo es una y ùnica, aunque tenga dos niveles: el del cielo y el de la tierra.
La beatificaciòn de nuestro padre y hermano, Juan Pablo II ha tenido una especial resonancia en el Cielo. Las Tres Divinas Personas, los àngeles y arcàngeles, la Santìsima Virgen Marìa, san Josè, los millones de santos, han celebrado- con especial solemnidad- esta beatificaciòn. Es cierto que todas las beatificaciones son muy celebradas en el Cielo, pero ésta lo ha sido de una manera especial.
La persona de Juan Pablo II- en este dìa - fue el centro, concentrò todas las miradas de los habitantes del Cielo.
Desde que èl entrò al Cielo, todos ellos gozan ¡còmo no! de la presencia de un hermano muy querido y admirado por su fe, profunda y contagiosa, por su amor apasionado por Jesùs, por su Iglesia, por la humanidad entera, pero la beatificaciòn de su persona en Roma fue especialmente celebrada en el Cielo. Todos los moradores del Cielo, por saberse Iglesia, viven - intensa, apasionadamente - todo lo grande, bueno y bello que realiza Jesùs en sus miembros que estamos en este mundo.
Todos los que viven en el Cielo saben perfectamente que un acontecimiento tan significativo como es una beatificaciòn es para mayor gloria de Dios-Trinidad, pero tambièn para crecimiento y santificaciòn de los miembros de Cristo que estamos de peregrinos en este mundo.
Cuando un seguidor de Jesùs es elevado a los altares, en este caso, Juan Pablo II, el Espìritu Santo nos està recordando a todos los bautizados que, por ser miembros del Cuerpo de Cristo, nos hemos de gozar en ser santos, en vivir cada dìa màs unidos a Jesùs, compartiendo con cuantos màs podamos esa Vida y Salvaciòn que nosotros he mos recibido.
Recordemos siempre que - desde el Dìa de nuestro Bautismo - la santidad de Dios se hizo nuestra. Esa es nuestra categorìa divina, nuestra vocaciòn. Nos hemos de gozar de formar parte de Cristo, viviendo con El la vida de Dios, deseando, trabajando para que todos le conozcan y le amen. Ese es el mensaje que nos dejò Juan Pablo II.
Todos hemos de celebrar que haya sido oficialmente inscrito en la lista de los hombres santos. Y hemos de gozarnos de ello ¿Còmo? viviendo santamente, siendo testigos convencidos y convincentes, al estilo de Juan Pablo II, de Jesùs, vivo y resucitado.-
¿ Por què ? ¡ Por la beatificaciòn de Juan Pablo II, un hom bre enamorado de Jesùs, excelente misionero ! Todos los santos del Cielo estaban muy ciertos de que esa beatificaciòn realizada en Roma, ya habìa sido celebrada y ratificada - hacìa ya muchìsimo tiempo - por Dios-Trinidad, con todos los àngeles y bienaventurados. Lo que sucediò en el mundo entero ( no sòlo en la Iglesia catòlica ) tuvo especial resonancia en el Cielo. No podemos olvidar nunca que la Iglesia de Jesucristo es una y ùnica, aunque tenga dos niveles: el del cielo y el de la tierra.
La beatificaciòn de nuestro padre y hermano, Juan Pablo II ha tenido una especial resonancia en el Cielo. Las Tres Divinas Personas, los àngeles y arcàngeles, la Santìsima Virgen Marìa, san Josè, los millones de santos, han celebrado- con especial solemnidad- esta beatificaciòn. Es cierto que todas las beatificaciones son muy celebradas en el Cielo, pero ésta lo ha sido de una manera especial.
La persona de Juan Pablo II- en este dìa - fue el centro, concentrò todas las miradas de los habitantes del Cielo.
Desde que èl entrò al Cielo, todos ellos gozan ¡còmo no! de la presencia de un hermano muy querido y admirado por su fe, profunda y contagiosa, por su amor apasionado por Jesùs, por su Iglesia, por la humanidad entera, pero la beatificaciòn de su persona en Roma fue especialmente celebrada en el Cielo. Todos los moradores del Cielo, por saberse Iglesia, viven - intensa, apasionadamente - todo lo grande, bueno y bello que realiza Jesùs en sus miembros que estamos en este mundo.
Todos los que viven en el Cielo saben perfectamente que un acontecimiento tan significativo como es una beatificaciòn es para mayor gloria de Dios-Trinidad, pero tambièn para crecimiento y santificaciòn de los miembros de Cristo que estamos de peregrinos en este mundo.
Cuando un seguidor de Jesùs es elevado a los altares, en este caso, Juan Pablo II, el Espìritu Santo nos està recordando a todos los bautizados que, por ser miembros del Cuerpo de Cristo, nos hemos de gozar en ser santos, en vivir cada dìa màs unidos a Jesùs, compartiendo con cuantos màs podamos esa Vida y Salvaciòn que nosotros he mos recibido.
Recordemos siempre que - desde el Dìa de nuestro Bautismo - la santidad de Dios se hizo nuestra. Esa es nuestra categorìa divina, nuestra vocaciòn. Nos hemos de gozar de formar parte de Cristo, viviendo con El la vida de Dios, deseando, trabajando para que todos le conozcan y le amen. Ese es el mensaje que nos dejò Juan Pablo II.
Todos hemos de celebrar que haya sido oficialmente inscrito en la lista de los hombres santos. Y hemos de gozarnos de ello ¿Còmo? viviendo santamente, siendo testigos convencidos y convincentes, al estilo de Juan Pablo II, de Jesùs, vivo y resucitado.-
miércoles, 27 de abril de 2011
¡¡¡ MARAVILLOSO y FASCINANTE MISTERIO DE AMOR !!!
¿Cuàl es este misterio maravilloso y fascinante de Amor, que nos tiene que apasionar e inundar de felicidad ?
Nada màs y nada menos que : Jesùs ha resucitado y nosotros con El.
Esta verdad, fundamental, esencial de nuestra fe, es la que ha de fundamental y dar razòn de toda nuestra vida cristiana. Es una certeza que - sòlo desde la fe - es comprensible.
Humana, racionalmente es incomprensible. Es el ESPIRITU SANTO quien nos ilumina y nos hace comprender que, gracias al Amor y Bondad de Jesùs, todos los bautizados, unidos a El, formamos un ¡ un sòlo y ùnico Jesùs !
Esta realidad, misteriosa y maravillosa, es para morirnos de puro gozo y agradecimiento.
Jesùs y nosotros somos UNO, somos inseparables ( El es Dios, nosotros somos creaturas ) Por ser Jesùs nuestra Cabeza y nosotros sus miembros, cuando El muriò en la cruz, morimos tambièn nosotros con El. Cuando resucitò, tambièn nosotros resucitamos con El.
San Agustìn decìa : "Todo: vida, muerte, resurrecciòn y gloria sin fin, en el Cielo, Jesùs lo comparte con nosotros. Este misterio de su pasiòn y resurrecciòn es el que deben ustedes conocer y vivir"
Aunque nuestra inteligencia humana no pueda comprender este misterio, nuestra fe -basada en la autoridad de Dios, confirmada por el testimonio de los Apòstoles - nos impulsa a vivir, a sacar el màximo provecho, de lo que creemos.
Es el Espìritu Santo el que nos pide - hoy - que seamos personas vivientes, hombres y mujeres resucitados, testimonios, elocuentes y convicentes, de Cristo, vivo y resucitado
Durante 2.000 años, una multitud incontable de : hombres y mujeres, niños, jòvenes y ancianos, personas muy sabias y gente muy sencilla, han creido y crecido en Cristo resucitado e, incluso, muchos lo han rubricado con su sangre.
Nuestra fe, cristiana y catòlica, nace, se sostiene y alimenta de Cristo resucitado. Jesùs quiere, ¡nos lo pide personalmente! que vivamos, ìntima y gozosamente unidos a El, para que rebosantes de vida, nos dediquemos a contagiar a todos, a cuantos màs podamos, de esa Vida y Amor que El nos da tan super-generosamente.
Si cada mañana amanecemos a un nuevo dìa ¿No hemos de gozarnos de renovar nuestra decisiòn de aprovecharnos al màximo de Cristo resucitado, gozàndonos cada vez màs de su Amor, queriendo, afanàndonos para que todos lo aprovechen y lo gocen con nosotros?
Nada màs y nada menos que : Jesùs ha resucitado y nosotros con El.
Esta verdad, fundamental, esencial de nuestra fe, es la que ha de fundamental y dar razòn de toda nuestra vida cristiana. Es una certeza que - sòlo desde la fe - es comprensible.
Humana, racionalmente es incomprensible. Es el ESPIRITU SANTO quien nos ilumina y nos hace comprender que, gracias al Amor y Bondad de Jesùs, todos los bautizados, unidos a El, formamos un ¡ un sòlo y ùnico Jesùs !
Esta realidad, misteriosa y maravillosa, es para morirnos de puro gozo y agradecimiento.
Jesùs y nosotros somos UNO, somos inseparables ( El es Dios, nosotros somos creaturas ) Por ser Jesùs nuestra Cabeza y nosotros sus miembros, cuando El muriò en la cruz, morimos tambièn nosotros con El. Cuando resucitò, tambièn nosotros resucitamos con El.
San Agustìn decìa : "Todo: vida, muerte, resurrecciòn y gloria sin fin, en el Cielo, Jesùs lo comparte con nosotros. Este misterio de su pasiòn y resurrecciòn es el que deben ustedes conocer y vivir"
Aunque nuestra inteligencia humana no pueda comprender este misterio, nuestra fe -basada en la autoridad de Dios, confirmada por el testimonio de los Apòstoles - nos impulsa a vivir, a sacar el màximo provecho, de lo que creemos.
Es el Espìritu Santo el que nos pide - hoy - que seamos personas vivientes, hombres y mujeres resucitados, testimonios, elocuentes y convicentes, de Cristo, vivo y resucitado
Durante 2.000 años, una multitud incontable de : hombres y mujeres, niños, jòvenes y ancianos, personas muy sabias y gente muy sencilla, han creido y crecido en Cristo resucitado e, incluso, muchos lo han rubricado con su sangre.
Nuestra fe, cristiana y catòlica, nace, se sostiene y alimenta de Cristo resucitado. Jesùs quiere, ¡nos lo pide personalmente! que vivamos, ìntima y gozosamente unidos a El, para que rebosantes de vida, nos dediquemos a contagiar a todos, a cuantos màs podamos, de esa Vida y Amor que El nos da tan super-generosamente.
Si cada mañana amanecemos a un nuevo dìa ¿No hemos de gozarnos de renovar nuestra decisiòn de aprovecharnos al màximo de Cristo resucitado, gozàndonos cada vez màs de su Amor, queriendo, afanàndonos para que todos lo aprovechen y lo gocen con nosotros?
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