¿Cuàl es este misterio maravilloso y fascinante de Amor, que nos tiene que apasionar e inundar de felicidad ?
Nada màs y nada menos que : Jesùs ha resucitado y nosotros con El.
Esta verdad, fundamental, esencial de nuestra fe, es la que ha de fundamental y dar razòn de toda nuestra vida cristiana. Es una certeza que - sòlo desde la fe - es comprensible.
Humana, racionalmente es incomprensible. Es el ESPIRITU SANTO quien nos ilumina y nos hace comprender que, gracias al Amor y Bondad de Jesùs, todos los bautizados, unidos a El, formamos un ¡ un sòlo y ùnico Jesùs !
Esta realidad, misteriosa y maravillosa, es para morirnos de puro gozo y agradecimiento.
Jesùs y nosotros somos UNO, somos inseparables ( El es Dios, nosotros somos creaturas ) Por ser Jesùs nuestra Cabeza y nosotros sus miembros, cuando El muriò en la cruz, morimos tambièn nosotros con El. Cuando resucitò, tambièn nosotros resucitamos con El.
San Agustìn decìa : "Todo: vida, muerte, resurrecciòn y gloria sin fin, en el Cielo, Jesùs lo comparte con nosotros. Este misterio de su pasiòn y resurrecciòn es el que deben ustedes conocer y vivir"
Aunque nuestra inteligencia humana no pueda comprender este misterio, nuestra fe -basada en la autoridad de Dios, confirmada por el testimonio de los Apòstoles - nos impulsa a vivir, a sacar el màximo provecho, de lo que creemos.
Es el Espìritu Santo el que nos pide - hoy - que seamos personas vivientes, hombres y mujeres resucitados, testimonios, elocuentes y convicentes, de Cristo, vivo y resucitado
Durante 2.000 años, una multitud incontable de : hombres y mujeres, niños, jòvenes y ancianos, personas muy sabias y gente muy sencilla, han creido y crecido en Cristo resucitado e, incluso, muchos lo han rubricado con su sangre.
Nuestra fe, cristiana y catòlica, nace, se sostiene y alimenta de Cristo resucitado. Jesùs quiere, ¡nos lo pide personalmente! que vivamos, ìntima y gozosamente unidos a El, para que rebosantes de vida, nos dediquemos a contagiar a todos, a cuantos màs podamos, de esa Vida y Amor que El nos da tan super-generosamente.
Si cada mañana amanecemos a un nuevo dìa ¿No hemos de gozarnos de renovar nuestra decisiòn de aprovecharnos al màximo de Cristo resucitado, gozàndonos cada vez màs de su Amor, queriendo, afanàndonos para que todos lo aprovechen y lo gocen con nosotros?
miércoles, 27 de abril de 2011
¡¡¡ MURIO... POR MI !!!
Sucediò en Chipre, isla del Meditarràneo. Un turista entrò en una tienda para adquirir unos productos que èl necesitaba. El dueño del establecimiento, viendo la alegrìa y buen humor de su cliente, le preguntò "si èl era cristiano". La respuestà no se hizo esperar: "Lo soy y me siento muy gozoso y agradecido de ese don" ¿ Por què ? - preguntò asombrado el dueño de la tienda -. El creyente en Jesùs respondiò : "Porque ¡ El muriò por mi !"
Tras unos momentos de silencio, el propietario dijo, con rostro sorprendido y apenado: "¡ Nunca, nadie, me hizo saber esa increible realidad! "
Esta conversaciòn es reciente. La difunde el mismo protagonista. Que, hoy, en la època de los satèlites, de los aparatos asombrosos de comunicaciòn que tenemos a nuestro alcance, todavìa haya personas que no conozcan a Jesùs, que no sepan que El es Dios-Amor, que nos ama hasta el extremo de dar su vida por todos, por cada uno de nosotros, nos ha de impactar de tal manera que ha de impulsar a orar - intensa y continuamente -, a evangelizar con màs pasiòn y alegrìa, sobre todo, con el testimonio- elocuente y convincente - de nuestra vida personal.
Cada dìa, todos los dìas ¡ continuamente ! tendrìamos que meditar, rumiar, la gran y fascinante verdad de nuestra vida: Jesùs, siendo Dios, me ama tan en serio que ha muerto ¡ por mi !
Si personalizamos ese Amor, si nos aficionamos a entrar en ese Misterio que es Jesùs, con y desde la ofrenda de si mismo en la Cruz, el Espìritu Santo nos harà magnìficos instrumentos suyos y la evangelizaciòn serà para cada uno de nosotros: una tarea tan gozosa como apasionante, advirtiendo - asombrados y emocionados - que cuanto màs compartimos la MEJOR NOTICIA, tanto màs crece nuestra fe, màs aumenta nuestro amor y màs gozamos de Jesùs.
El caso, triste y penoso, del protagonista de nuestra historia ( el vendedor chipriota ) es, hoy, màs frecuente de lo que podamos imaginar. Aunque parezca exagerado, a nuestro alrededor, hay un buen nùmero de bautizados que ignoran, que no se han detenido a pensar hasta dònde nos ama Jesùs. Esa realidad, terrible y grave, nos compromete a todos: pastores y laicos, (niños, jòvenes, adultos y ancianos, sanos y enfermos ) a evangelizar, a ser cada dìa màs santos, a anunciar, por todos los medios, a Jesùs, muerto y resucitado. Veremos maravillas, cambios de vida, milagros que nunca hubièramos imaginado.
A ejemplo de San Pablo, todos tenemos que decir: con la boca, con el corazòn y con la vida ¡Ay de mì, si no soy evangelizador!
Si Jesùs nos confiò ¡ personalmente ! la tarea, sublime y apasionante, de evangelizar "a tiempo y a destiempo" y lo hizo en el momento-cumbre de nuestra vida ¡el Dìa de nuestro bautismo! ¿podremos fallarle, defraudar esa tremenda confianza que El depositò en cada uno de nosotros?
Tras unos momentos de silencio, el propietario dijo, con rostro sorprendido y apenado: "¡ Nunca, nadie, me hizo saber esa increible realidad! "
Esta conversaciòn es reciente. La difunde el mismo protagonista. Que, hoy, en la època de los satèlites, de los aparatos asombrosos de comunicaciòn que tenemos a nuestro alcance, todavìa haya personas que no conozcan a Jesùs, que no sepan que El es Dios-Amor, que nos ama hasta el extremo de dar su vida por todos, por cada uno de nosotros, nos ha de impactar de tal manera que ha de impulsar a orar - intensa y continuamente -, a evangelizar con màs pasiòn y alegrìa, sobre todo, con el testimonio- elocuente y convincente - de nuestra vida personal.
Cada dìa, todos los dìas ¡ continuamente ! tendrìamos que meditar, rumiar, la gran y fascinante verdad de nuestra vida: Jesùs, siendo Dios, me ama tan en serio que ha muerto ¡ por mi !
Si personalizamos ese Amor, si nos aficionamos a entrar en ese Misterio que es Jesùs, con y desde la ofrenda de si mismo en la Cruz, el Espìritu Santo nos harà magnìficos instrumentos suyos y la evangelizaciòn serà para cada uno de nosotros: una tarea tan gozosa como apasionante, advirtiendo - asombrados y emocionados - que cuanto màs compartimos la MEJOR NOTICIA, tanto màs crece nuestra fe, màs aumenta nuestro amor y màs gozamos de Jesùs.
El caso, triste y penoso, del protagonista de nuestra historia ( el vendedor chipriota ) es, hoy, màs frecuente de lo que podamos imaginar. Aunque parezca exagerado, a nuestro alrededor, hay un buen nùmero de bautizados que ignoran, que no se han detenido a pensar hasta dònde nos ama Jesùs. Esa realidad, terrible y grave, nos compromete a todos: pastores y laicos, (niños, jòvenes, adultos y ancianos, sanos y enfermos ) a evangelizar, a ser cada dìa màs santos, a anunciar, por todos los medios, a Jesùs, muerto y resucitado. Veremos maravillas, cambios de vida, milagros que nunca hubièramos imaginado.
A ejemplo de San Pablo, todos tenemos que decir: con la boca, con el corazòn y con la vida ¡Ay de mì, si no soy evangelizador!
Si Jesùs nos confiò ¡ personalmente ! la tarea, sublime y apasionante, de evangelizar "a tiempo y a destiempo" y lo hizo en el momento-cumbre de nuestra vida ¡el Dìa de nuestro bautismo! ¿podremos fallarle, defraudar esa tremenda confianza que El depositò en cada uno de nosotros?
viernes, 15 de abril de 2011
CAMBIO EL FUSIL POR UN ROSARIO
Matilde de Luis es una joven, llena de vitalidad y juventud. En el año 1.999 se presentò voluntariamente al ejèrcito español. Querìa servir a su patria.Tras un tiempo de preparaciòn, sus superiores le enviaron a los Balkanes, en donde trabajò en favor de esos territorios, reconstruyendo o levantando puentes. El dolor, los sufrimientos, las terribles desgracias producidas por la guerra, despertaron en ella muchos interrogantes. La vida - pensò ella - era un don demasiado valioso para no aprovecharla al màximo. Intensificò su vida espiritual, llegando a la conclusiòn de que Jesùs le llamaba a ser toda de El, para servir a todos con su vida consagrada a Dios y a los hombres. Cuando comunicò esa su decisiòn a su papà, èl no cabìa de gozo y decìa a todos: ¡He "perdido" una hija, pero he ganado quince!
El capitàn, bajo cuya autoridad habìa trabajado y servido, al saber que querìa consagrarse por entero a Jesùs, le dijo todo emocionado: " Usted ha sido una muy buena profesional en la vida militar, estoy seguro que ahora serà una excelente monja" Hoy vive feliz en una comunidad de franciscanas clarisas, en la ciudad de Salamanca.
Para nosotros, los creyentes en Jesùs, el testimonio de un hombre o de una mujer que quieren entregarse a Dios, para amar a todos y colaborar en la salvaciòn de todos es una noticia que nos llena de gozo y nos anima a ser màs y mejores cristianos, a aprovecharnos al màximo de Dios, a disfrutar cada dìa màs de su Amor, queriendo, trabajando para que todos conozcan y amen a Jesùs.
Esas personas consagradas a Dios, aunque estèn viviendo entre cuatro paredes, son no sòlo nos recuerdan que Jesùs es el Supremo Bien, el Manjar de nuestro corazòn, que hemos de valorar las cosas buenas de la vida presente sino que, nos hacen saber, una y otra vez, que las hemos de tomar como medios para alcanzar la Vida y Felicidad del Cielo. Esos monasterios son el màs y mejor tesoro de la Iglesia. Estos hombres y mujeres no sòlo nos recuerdan ¡con su testimonio y vida ! que Jesùs es lo primero y màs querido de nuestra vida, sino que oran, dìa y noche, por todos nosotros. Un dìa - cuando estemos en el Cielo - nos quedaremos asombrados y admirados del inmenso bien que ellos nos reportaron, de la inmensidad de gracias y bendiciones que Dios-Trinidad derramò sobre cada uno de nosotros.
Ellos - lo aseguran los santos - son el combustible que no puede faltar en la Iglesia. Quieren, desean ardientemen te que todos, niños, jòvenes y adultos, seamos cada dìa màs santos, màs misioneros.
Todos tenemos una deuda de gratitud con las personas consagradas a Dios, que viven en un convento.Todos, seamos muy santos o llevemos una vida no muy fervorosa, somos apremiados a aprovecharnos de su consagraciòn a Dios, de su hermoso y elocuente testimonio. ¿ Còmo ? Queriendo, trabajando por ser màs y mejores discipulos de Jesùs, màs misioneros, allì donde vivimos y trabajamos, sin olvidarnos nunca de que hemos de corresponder a ese Amor que nos brindan, orando sin cesar para que todos y cada uno de ellos crezcan en santidad y en nùmero. Sòlo asì hemos sabido valorar y agradecer el inmenso beneficio que todos ellos nos producen.-
El capitàn, bajo cuya autoridad habìa trabajado y servido, al saber que querìa consagrarse por entero a Jesùs, le dijo todo emocionado: " Usted ha sido una muy buena profesional en la vida militar, estoy seguro que ahora serà una excelente monja" Hoy vive feliz en una comunidad de franciscanas clarisas, en la ciudad de Salamanca.
Para nosotros, los creyentes en Jesùs, el testimonio de un hombre o de una mujer que quieren entregarse a Dios, para amar a todos y colaborar en la salvaciòn de todos es una noticia que nos llena de gozo y nos anima a ser màs y mejores cristianos, a aprovecharnos al màximo de Dios, a disfrutar cada dìa màs de su Amor, queriendo, trabajando para que todos conozcan y amen a Jesùs.
Esas personas consagradas a Dios, aunque estèn viviendo entre cuatro paredes, son no sòlo nos recuerdan que Jesùs es el Supremo Bien, el Manjar de nuestro corazòn, que hemos de valorar las cosas buenas de la vida presente sino que, nos hacen saber, una y otra vez, que las hemos de tomar como medios para alcanzar la Vida y Felicidad del Cielo. Esos monasterios son el màs y mejor tesoro de la Iglesia. Estos hombres y mujeres no sòlo nos recuerdan ¡con su testimonio y vida ! que Jesùs es lo primero y màs querido de nuestra vida, sino que oran, dìa y noche, por todos nosotros. Un dìa - cuando estemos en el Cielo - nos quedaremos asombrados y admirados del inmenso bien que ellos nos reportaron, de la inmensidad de gracias y bendiciones que Dios-Trinidad derramò sobre cada uno de nosotros.
Ellos - lo aseguran los santos - son el combustible que no puede faltar en la Iglesia. Quieren, desean ardientemen te que todos, niños, jòvenes y adultos, seamos cada dìa màs santos, màs misioneros.
Todos tenemos una deuda de gratitud con las personas consagradas a Dios, que viven en un convento.Todos, seamos muy santos o llevemos una vida no muy fervorosa, somos apremiados a aprovecharnos de su consagraciòn a Dios, de su hermoso y elocuente testimonio. ¿ Còmo ? Queriendo, trabajando por ser màs y mejores discipulos de Jesùs, màs misioneros, allì donde vivimos y trabajamos, sin olvidarnos nunca de que hemos de corresponder a ese Amor que nos brindan, orando sin cesar para que todos y cada uno de ellos crezcan en santidad y en nùmero. Sòlo asì hemos sabido valorar y agradecer el inmenso beneficio que todos ellos nos producen.-
martes, 5 de abril de 2011
¡ FUE MENDIGO Y ERA MULTIMILLONARIO !
Jerry Winkler es un hombre-mensaje. Fue mendigo. Vivìa en la calle, durmiendo donde le sorprendìa la noche. Nunca imaginò que era dueño de una fortuna multimillonaria. Sin buscarlo ni pretenderlo se convirtiò en noticia para los me dios de comunicaciòn social. Un buen dìa encontrò un periòdico en el que aparecìa Alfredo Wilkle, famoso empresario, entrevistado por un periodista. Le faltò tiempo para buscar a dicho entrevistador. Cuando le encontrò le hizo saber que èl llevaba el mismo apellido. Cuàl serìa su sorpresa cuando se enterò de que el empresario habìa dejado una inmensa fortuna. El periodista le llevò a un abogado quien inmediatamente mandò hacerle una prueba de ADN. Habìa que certificar que Jerry era verdadero hijo de Alfredo. El resultado fue positivo. Esa prueba fue suficiente para hacerle multimillonario. Al ser informado que toda la fortuna de su padre le pertenecìa legalmente, Jerry manifestò: " Cuando el abogado me llamò y me hizo saber que yo era el ùnico heredero de toda la fortuna multimillonaria de mi padre, me sentì inmensamente feliz, loco, todo al mismo tiempo"
Esta historia, increible y sorprendente, la podemos aprovechar para reflexionar y profundizar sobre nuestra situaciòn. Nacimos mendigos, desnudos, ciegos. Nuestra miseria era realmente lastimosa. Tenìamos la desgracia màs grande de todas: no tenìamos a Dios. Estàbamos vacìos y muertos ¿Cabe mayor desgracia? Pero. gracias a Jesùs, tuvimos la fortuna màs grande e inimaginable. El nos diò la Vida asumiendo nuestra muerte. Estàbamos vacìos. Eramos los màs pobres de todos, pero Jesùs, siendo Dios, la riqueza-fuente de todo bien, se abajò naciendo en el seno purìsimo de la Virgen Marìa para elevarnos a nosotros. Tomò nuestra pobreza haciendo nuestra su riqueza. Desde que Jesùs se hizo hombre, todos y cada uno de nosotros somos los màs multimillonarios de todos. Si Dios ha querido darse a nosotros ¿No es justo y lògico que tambièn nosotros queramos ser suyos?
Fuimos mendigos, ahora somos multimillonarios. Jerry, el protagonista de la historia, tenìa muchos, muchisimos millones, pero era riqueza material, sòlo para esta vida temporal. Nosotros, por el contrario, tenemos grandes tesoros, fortuna incalculable, riqueza celestial y espiritual, pero ¡para toda la eternidad!
Tambièn cada uno de nosotros hemos de ser felices ¿Còmo? Viviendo como pide nuestra categorìa divina, deseando que todos tengan el tesoro que nosotros tenemos, trabajando para que todos conozcan a Jesùs y le amen.
Y si Jerry declaraba que estaba loco por lo que era y tenìa, ¿no tendrìamos que ser locos, al estilo de los santos, aprovechàndonos al màximo de Jesùs, disfrutando cada dìa màs de su amor, de su generosidad, de la salvaciòn que El nos ha querido conceder por pura bondad suya?
El cambio, el nuevo estado social de Jerry, su trasformaciòn radical, fue noticia-impacto a cuantos la oìan o leìan ¿Nuestra vida personal, nuestro testimonio de vida, no tendrìa que ser mensaje, reflejo de Jesùs para cuantos nos ven o tratan de cerca ?
Esta historia, increible y sorprendente, la podemos aprovechar para reflexionar y profundizar sobre nuestra situaciòn. Nacimos mendigos, desnudos, ciegos. Nuestra miseria era realmente lastimosa. Tenìamos la desgracia màs grande de todas: no tenìamos a Dios. Estàbamos vacìos y muertos ¿Cabe mayor desgracia? Pero. gracias a Jesùs, tuvimos la fortuna màs grande e inimaginable. El nos diò la Vida asumiendo nuestra muerte. Estàbamos vacìos. Eramos los màs pobres de todos, pero Jesùs, siendo Dios, la riqueza-fuente de todo bien, se abajò naciendo en el seno purìsimo de la Virgen Marìa para elevarnos a nosotros. Tomò nuestra pobreza haciendo nuestra su riqueza. Desde que Jesùs se hizo hombre, todos y cada uno de nosotros somos los màs multimillonarios de todos. Si Dios ha querido darse a nosotros ¿No es justo y lògico que tambièn nosotros queramos ser suyos?
Fuimos mendigos, ahora somos multimillonarios. Jerry, el protagonista de la historia, tenìa muchos, muchisimos millones, pero era riqueza material, sòlo para esta vida temporal. Nosotros, por el contrario, tenemos grandes tesoros, fortuna incalculable, riqueza celestial y espiritual, pero ¡para toda la eternidad!
Tambièn cada uno de nosotros hemos de ser felices ¿Còmo? Viviendo como pide nuestra categorìa divina, deseando que todos tengan el tesoro que nosotros tenemos, trabajando para que todos conozcan a Jesùs y le amen.
Y si Jerry declaraba que estaba loco por lo que era y tenìa, ¿no tendrìamos que ser locos, al estilo de los santos, aprovechàndonos al màximo de Jesùs, disfrutando cada dìa màs de su amor, de su generosidad, de la salvaciòn que El nos ha querido conceder por pura bondad suya?
El cambio, el nuevo estado social de Jerry, su trasformaciòn radical, fue noticia-impacto a cuantos la oìan o leìan ¿Nuestra vida personal, nuestro testimonio de vida, no tendrìa que ser mensaje, reflejo de Jesùs para cuantos nos ven o tratan de cerca ?
martes, 29 de marzo de 2011
ESTE CAMPESINO: SANTIAGO, FUE UN GRAN MISIONERO
Se llamaba Santiago. Era un campesino. Sus estudios eran elementales pero su fe era muy grande y contagiosa.
En su caserìo como en los alrededores todos le conocìan por su fe viva, por su espìritu misionero. No hablaba mucho, pero su vida era testimonio muy elocuente de Jesùs. Antes de llegar a la parroquia a la que pertenecìa su caserìo ya me habìan hablado de èl, de su fervor, de su celo. Cuando le tratè de cerca pude confirmar lo que habìa oido hablar de èl. No tenìa mucha formaciòn pero era un hombre santo.
Todos le admiraban y cuantos le escuchaban no tenìan màs remedio que reconocer que su vida hablaba mejor que todos los discursos. Le gustaba orar, dar catecismo, animar a todos a que conocieran a Jesùs y vivieran unidos a El. Lo hacìa con tal convencimiento, con tanta sencillez y convicciòn que cuantos le oìan tenìan que rendirse ante su ejemplo. Jesùs vivia en Santiago y el Espìritu Santo guiaba su vida y sus palabras.
Cuando llegò a conocer el Apostolado de la Oraciòn, la espiritualidad de los nueve primeros viernes, este campesino se abriò de par en par a Jesùs, asumiendo de lleno su Amor.
Todavìa me acuerdo cuando le veìa orar con otros campesinos, tras terminar la Eucaristìa. Era un grupo de gente muy sencilla pero que, con gran sentido de reverencia y fervor, conversaban con Dios co mo lo hacen los santos. Santiago dirigìa la oraciòn como un anciano venerable, como todo un maestro de oraciòn pero sobre todo, como hombre lleno de fe.
Vivìa lo que creìa y compartìa - con sencillez y alegria - su fe, que siempre la rubricaba con el testimonio de su vida. Su casa, su caserìo eran el campo principal de su apostolado, pero salìa a otros caserìos hasta que la edad ya no se lo permitìa.
Todos los sacerdotes que le tratamos de cerca coincidimos en afirmar que era un santo con ruana. Su vida era propia de un campesino, pero tambièn una predicaciòn continua. Quien se acercaba a èl, inmediatamente advertìa que era un creyente convencido y convincente. Su catequesis màs elocuente era su propia vida. Le gustaba participar en la Eucaristìa, sin que la distancia ni el clima pudieron nunca desanimarle. No habìa carreteras. Todo habìa que hacerlo a lomo de caballo o a pie. Desplazarse hasta la iglesia parroquial era un sacrificio no pequeño.
Al principio, la iglesia se encontraba a cinco horas de distancia.Esta situaciòn era un motivo para demostrar que su fe y amor eran màs grandes que todas las montañas, barros y rìos que tenìan que supe rar. Todos los que les veìan caminar con tanto gozo y se enteraban de que iban a la Iglesia, quedaban admirados de su fervor. Santiago era todo un lider, alguien que iba por delante de cuantos se animaban a imitar su ejemplo. Iban por la mañana, participaban de la Eucaristìa y del sacramento de la Reconciliaciòn y Penitencia, regresando a su casa al dìa siguiente.
Para Santiago y sus acompañantes, cada primer viernes era una fiesta, todo un acontecimiento, una celebraciòn que les hacìa comprender el Amor personal de Jesùs, robusteciendo su fe y su deseo de trabajar para que otros hombres y mujeres conocieran este Camino.
Gracias a Santiago y a sus "discipulos", el Obispo quiso constituir una nueva parroquia para facilitarles el crecimiento de su vida cristiana. Esta iniciativa diò magnìficos frutos.
Nacieron comunidades cristianas muy fervorosas, se formaron un buen grupo de catequistas campesinos, brota ron vocaciones sacerdotales, religiosas, incluso se hizo realidad lo inimaginable: varios sacerdotes salieron a evangelizar a otras diòcesis e incluso, se construyò un monasterio de religiosas contemplativas.
El testimonio personal de Santiago fue tan admirable y contagioso que no sòlo muchas personas se enamoraron de Jesùs, transformando admirablemente sus vidas sino que vimos verdaderos santos. Todos los sacerdotes que hemos trabajado en la zona donde viviò Santiago, no tenemos màs remedio que alabar, bendecir y dar continuas gracias a la SANTISIMA TRINIDAD, ya que valièndose de este hombre y de otros que vivieron con èl, hizo cambios increibles, milagros, comunidades fervorosas que siguen fructificando, testimoniando, confirmando que Jesùs y su Amor hacen maravillas en los sencillos y humildes, en los que saben valorar y compartir el tesoro de nuestra fe.-
En su caserìo como en los alrededores todos le conocìan por su fe viva, por su espìritu misionero. No hablaba mucho, pero su vida era testimonio muy elocuente de Jesùs. Antes de llegar a la parroquia a la que pertenecìa su caserìo ya me habìan hablado de èl, de su fervor, de su celo. Cuando le tratè de cerca pude confirmar lo que habìa oido hablar de èl. No tenìa mucha formaciòn pero era un hombre santo.
Todos le admiraban y cuantos le escuchaban no tenìan màs remedio que reconocer que su vida hablaba mejor que todos los discursos. Le gustaba orar, dar catecismo, animar a todos a que conocieran a Jesùs y vivieran unidos a El. Lo hacìa con tal convencimiento, con tanta sencillez y convicciòn que cuantos le oìan tenìan que rendirse ante su ejemplo. Jesùs vivia en Santiago y el Espìritu Santo guiaba su vida y sus palabras.
Cuando llegò a conocer el Apostolado de la Oraciòn, la espiritualidad de los nueve primeros viernes, este campesino se abriò de par en par a Jesùs, asumiendo de lleno su Amor.
Todavìa me acuerdo cuando le veìa orar con otros campesinos, tras terminar la Eucaristìa. Era un grupo de gente muy sencilla pero que, con gran sentido de reverencia y fervor, conversaban con Dios co mo lo hacen los santos. Santiago dirigìa la oraciòn como un anciano venerable, como todo un maestro de oraciòn pero sobre todo, como hombre lleno de fe.
Vivìa lo que creìa y compartìa - con sencillez y alegria - su fe, que siempre la rubricaba con el testimonio de su vida. Su casa, su caserìo eran el campo principal de su apostolado, pero salìa a otros caserìos hasta que la edad ya no se lo permitìa.
Todos los sacerdotes que le tratamos de cerca coincidimos en afirmar que era un santo con ruana. Su vida era propia de un campesino, pero tambièn una predicaciòn continua. Quien se acercaba a èl, inmediatamente advertìa que era un creyente convencido y convincente. Su catequesis màs elocuente era su propia vida. Le gustaba participar en la Eucaristìa, sin que la distancia ni el clima pudieron nunca desanimarle. No habìa carreteras. Todo habìa que hacerlo a lomo de caballo o a pie. Desplazarse hasta la iglesia parroquial era un sacrificio no pequeño.
Al principio, la iglesia se encontraba a cinco horas de distancia.Esta situaciòn era un motivo para demostrar que su fe y amor eran màs grandes que todas las montañas, barros y rìos que tenìan que supe rar. Todos los que les veìan caminar con tanto gozo y se enteraban de que iban a la Iglesia, quedaban admirados de su fervor. Santiago era todo un lider, alguien que iba por delante de cuantos se animaban a imitar su ejemplo. Iban por la mañana, participaban de la Eucaristìa y del sacramento de la Reconciliaciòn y Penitencia, regresando a su casa al dìa siguiente.
Para Santiago y sus acompañantes, cada primer viernes era una fiesta, todo un acontecimiento, una celebraciòn que les hacìa comprender el Amor personal de Jesùs, robusteciendo su fe y su deseo de trabajar para que otros hombres y mujeres conocieran este Camino.
Gracias a Santiago y a sus "discipulos", el Obispo quiso constituir una nueva parroquia para facilitarles el crecimiento de su vida cristiana. Esta iniciativa diò magnìficos frutos.
Nacieron comunidades cristianas muy fervorosas, se formaron un buen grupo de catequistas campesinos, brota ron vocaciones sacerdotales, religiosas, incluso se hizo realidad lo inimaginable: varios sacerdotes salieron a evangelizar a otras diòcesis e incluso, se construyò un monasterio de religiosas contemplativas.
El testimonio personal de Santiago fue tan admirable y contagioso que no sòlo muchas personas se enamoraron de Jesùs, transformando admirablemente sus vidas sino que vimos verdaderos santos. Todos los sacerdotes que hemos trabajado en la zona donde viviò Santiago, no tenemos màs remedio que alabar, bendecir y dar continuas gracias a la SANTISIMA TRINIDAD, ya que valièndose de este hombre y de otros que vivieron con èl, hizo cambios increibles, milagros, comunidades fervorosas que siguen fructificando, testimoniando, confirmando que Jesùs y su Amor hacen maravillas en los sencillos y humildes, en los que saben valorar y compartir el tesoro de nuestra fe.-
martes, 22 de marzo de 2011
¡LA MEJOR Y MAS ELOCUENTE PREDICACION!
Una mujer joven me hacìa esta confidencia personal. Ella trabajaba de recepcionista en una clìnica. Porque valoraba de verdad su fe, porque querìa ser testimonio de Jesùs, todo su empeño era : reflejar a Jesùs, en su vida, en su trabajo. Todos, desde el director de la clìnica, los empleados hasta los pacientes y visitantes de aquel centro mèdico, se preguntaban, admirados: ¿"Què tiene de especial esta muchacha que nos deja admirados y nos impulsa a preguntarnos por què ella vive asì? "
Cuando ella oìa estos comentarios, sonreìa, daba gracias a Dios, renovando su compromiso de vivir y trabajar con amor y alegrìa, con toda dedicaciòn y responsabilidad.
Todos y cada uno de nosotros, movidos por el Espìritu Santo, nos hemos de gozar, cada dìa, todos los dìas, de sabernos:¡ Presencia y prolongaciòn de Jesùs, allì donde vivimos y trabajamos !
Viviendo lo que somos : manos, brazos, pies, boca y, sobre todo, corazòn de Cristo, es como somos excelentes predicadores, verdaderos y elocuentes evangelizadores.
La mejor predicaciòn, la màs elocuente y convincente es, ¡ no nos quepa la menor duda !, nuestra vida, nuestro comportamiento personal.
Nos lo asegura Jesùs, nos lo declara la Iglesia, lo certifican todos y cada uno de los santos.
Si vivimos conquistados, enamorados por Jesùs, somos los evangelizadores màs eficaces, aunque estemos en una cama y no podamos salir de nuestra casa. Si, por el contrario, predicamos en la televisiòn, en programas de radio, en artìculos de prensa, en campañas evangelìsticas, viajando por todas las ciudades del mundo, pero no estamos llenos de Jesùs, no vivimos enamorados de El, seremos campa nas que hacen mucho ruido, sembradores de palabras, promotores de ideas, pero nada màs.
Nuestro muy querido Juan Pablo II lo decìa y lo repetìa sin cesar: " La mejor manera de evangelizar es la propia santidad "
Es verdad - nadie lo puede negar - que hoy necesitamos hacer campañas de evangelizaciòn, en pueblos, ciudades, en la Universidad, en las escuelas, en las calles y plazas, utilizando todos los medios tècnicos a nuestro alcance, pero nuestra prioridad ha de ser: ¡ la santidad personal ! Si todos y cada bautizado nos propusièramos cultivar y promover nuestra uniòn, ìntima y gozosa, con Jesùs, no sòlo serìamos verdaderos evangelizadores sino que serìamos los màs fervientes y entusiastas promotores de evangelizaciòn, a todos los niveles. El Espìritu Santo harìa verdaderas e increibles maravillas. Podemos estar completamente seguros de ello. Para comprobarlo, renovemos cada dìa nuestra decisiòn de ser, vivir enamorados de Jesùs.-
Cuando ella oìa estos comentarios, sonreìa, daba gracias a Dios, renovando su compromiso de vivir y trabajar con amor y alegrìa, con toda dedicaciòn y responsabilidad.
Todos y cada uno de nosotros, movidos por el Espìritu Santo, nos hemos de gozar, cada dìa, todos los dìas, de sabernos:¡ Presencia y prolongaciòn de Jesùs, allì donde vivimos y trabajamos !
Viviendo lo que somos : manos, brazos, pies, boca y, sobre todo, corazòn de Cristo, es como somos excelentes predicadores, verdaderos y elocuentes evangelizadores.
La mejor predicaciòn, la màs elocuente y convincente es, ¡ no nos quepa la menor duda !, nuestra vida, nuestro comportamiento personal.
Nos lo asegura Jesùs, nos lo declara la Iglesia, lo certifican todos y cada uno de los santos.
Si vivimos conquistados, enamorados por Jesùs, somos los evangelizadores màs eficaces, aunque estemos en una cama y no podamos salir de nuestra casa. Si, por el contrario, predicamos en la televisiòn, en programas de radio, en artìculos de prensa, en campañas evangelìsticas, viajando por todas las ciudades del mundo, pero no estamos llenos de Jesùs, no vivimos enamorados de El, seremos campa nas que hacen mucho ruido, sembradores de palabras, promotores de ideas, pero nada màs.
Nuestro muy querido Juan Pablo II lo decìa y lo repetìa sin cesar: " La mejor manera de evangelizar es la propia santidad "
Es verdad - nadie lo puede negar - que hoy necesitamos hacer campañas de evangelizaciòn, en pueblos, ciudades, en la Universidad, en las escuelas, en las calles y plazas, utilizando todos los medios tècnicos a nuestro alcance, pero nuestra prioridad ha de ser: ¡ la santidad personal ! Si todos y cada bautizado nos propusièramos cultivar y promover nuestra uniòn, ìntima y gozosa, con Jesùs, no sòlo serìamos verdaderos evangelizadores sino que serìamos los màs fervientes y entusiastas promotores de evangelizaciòn, a todos los niveles. El Espìritu Santo harìa verdaderas e increibles maravillas. Podemos estar completamente seguros de ello. Para comprobarlo, renovemos cada dìa nuestra decisiòn de ser, vivir enamorados de Jesùs.-
jueves, 17 de marzo de 2011
¡ VENGAN.... VAYAN !
Son dos mandatos de Jesùs ¿ A quién van dirigidos ? ¡A todos y cada uno de los bautizados !
Alguien dirà : "Venir e ir ¿no son contrarios, opuestos entre si ? Si venimos, no vamos y, si vamos ¿ no es verdad que nos alejamos ? Queriendo cumplir uno de estos mandatos ( venir ) nos imposibilitamos para hacer lo otro ( ir ). Pero escuchando a Jesùs, queriendo cumplir lo que El nos pide, advertimos que estos dos mandatos no sòlo no se contradicen sino que se complementan y son inseparables.
¡ VENGAN A MI ! (Mt 11,28) Jesùs, por ser Dios, nos atrae hacia El con la suavidad poderosa de su Amor. Nos ama de tal manera que quiere lo mejor para cada uno de nosotros. Por eso, nos pide - continua e insistentemente - que vayamos a El y vivamos centrados en El. Jesùs es la Fuente de todo bien. Quiere, anhela llenarnos de El, de su Amor, de su Vida. Si le tenemos a El ¿ Què nos falta ? Si no le tuvièramos a El ¡Nada tenemos !Todos nosotros somos recipientes de El ¡ Sòlo El nos puede llenar de verdad. Sòlo El nos puede satisfacer todas las aspiraciones profundas de nuestro corazòn !
Cuando vamos a Jesùs, no sòlo nos llenamos de El sino que esa plenitud, misteriosa e increible, es la que nos hace vivir en ìntima y gozosa comuniòn con Papà-Dios y el Espìritu Santo ¿ Cabe mayor felicidad que èsta ?
Cuando vivimos en actitud de dejarnos atraer por Jesùs, es cuando comprendemos la importancia y necesidad de "vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura" (Mc 16,15)
Damos lo que somos y tenemos por dentro ¡Nadie da lo que no tiene!
Nuestro deseo de compartir nuestra fe ¡ con todos : con los de cerca y con los de lejos ! es señal, cierta y segura, de que estamos llenàndonos de Jesùs, que sabemos escuchar su voz,conscientes de que necesitamos acudir a El, de apoyarnos cada dìa en El.
Si no acudimos a Jesùs, si estamos vacìos por dentro, no sentiremos necesidad compartir nuestra fe. El que no valora a Jesùs como su Fuente, tampoco irà a El y si no està lleno de El ¿Còmo va a poder hablar de El?
Recordemos siempre: Nuestra fe, cristiana-catòlica, para ser viva y verdadera, ha de asumir estos dos mandatos . ¡ vengan a MI y vayan a TODOS !
Dichosos nosotros si. movidos por el Espiritu Santo, vivimos atraidos, enamorados por Jesùs, abiertos-enviados a todos.-
Alguien dirà : "Venir e ir ¿no son contrarios, opuestos entre si ? Si venimos, no vamos y, si vamos ¿ no es verdad que nos alejamos ? Queriendo cumplir uno de estos mandatos ( venir ) nos imposibilitamos para hacer lo otro ( ir ). Pero escuchando a Jesùs, queriendo cumplir lo que El nos pide, advertimos que estos dos mandatos no sòlo no se contradicen sino que se complementan y son inseparables.
¡ VENGAN A MI ! (Mt 11,28) Jesùs, por ser Dios, nos atrae hacia El con la suavidad poderosa de su Amor. Nos ama de tal manera que quiere lo mejor para cada uno de nosotros. Por eso, nos pide - continua e insistentemente - que vayamos a El y vivamos centrados en El. Jesùs es la Fuente de todo bien. Quiere, anhela llenarnos de El, de su Amor, de su Vida. Si le tenemos a El ¿ Què nos falta ? Si no le tuvièramos a El ¡Nada tenemos !Todos nosotros somos recipientes de El ¡ Sòlo El nos puede llenar de verdad. Sòlo El nos puede satisfacer todas las aspiraciones profundas de nuestro corazòn !
Cuando vamos a Jesùs, no sòlo nos llenamos de El sino que esa plenitud, misteriosa e increible, es la que nos hace vivir en ìntima y gozosa comuniòn con Papà-Dios y el Espìritu Santo ¿ Cabe mayor felicidad que èsta ?
Cuando vivimos en actitud de dejarnos atraer por Jesùs, es cuando comprendemos la importancia y necesidad de "vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura" (Mc 16,15)
Damos lo que somos y tenemos por dentro ¡Nadie da lo que no tiene!
Nuestro deseo de compartir nuestra fe ¡ con todos : con los de cerca y con los de lejos ! es señal, cierta y segura, de que estamos llenàndonos de Jesùs, que sabemos escuchar su voz,conscientes de que necesitamos acudir a El, de apoyarnos cada dìa en El.
Si no acudimos a Jesùs, si estamos vacìos por dentro, no sentiremos necesidad compartir nuestra fe. El que no valora a Jesùs como su Fuente, tampoco irà a El y si no està lleno de El ¿Còmo va a poder hablar de El?
Recordemos siempre: Nuestra fe, cristiana-catòlica, para ser viva y verdadera, ha de asumir estos dos mandatos . ¡ vengan a MI y vayan a TODOS !
Dichosos nosotros si. movidos por el Espiritu Santo, vivimos atraidos, enamorados por Jesùs, abiertos-enviados a todos.-
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