El dìa de la verdad, el dìa-eternidad, en el que todos nos encontraremos -cara a cara, con Dios - todos vamos a presenciar algo realmente admirable: ¡ la gran sorpresa !
Todos los que hayan vivido con Jesùs y se hayan afanado por compartir su fe con el pròjimo, veràn - con sus propios ojos - un espectàculo que recordaràn y gozaràn por toda la eternidad.
Desfilaràn por delante de ellos un gran nùmero de personas, hombres y mu jeres, de toda edad, raza y cultura, que - con gran gozo y emociòn - se presentaràn ante Papa-Dios para proclamar - ante todos los àngeles y santos del Cielo - que todos y cada uno de ellos pudieran conocer a Jesùs, vivir la vida divina, alcanzar la salvaciòn, gracias al fervor, a las oraciones y generosidad de... ¡ mencionando nombres y apellidos! de todos los que fueron instrumentos del Espìritu Santo para que cada uno de ellos pudiera tener el tesoro de los tesoros: la Fe, la Luz, la Salvaciòn de Dios.
La multitud incontrable de àngeles y santos, aplaudiràn ¡ todos a una ! con frenesì celestial y sin cansarse, glorificando a la Santìsima Trinidad, diciendo y cantando, todos como un coro gigantesco : " La victoria es de nuestro Dios, que està sentado en el trono y del Cordero... La bendiciòn, la gloria, la sabidurìa, la acciòn de gracias, el honor, el poder y la fuerza a nuestro Dios,por los siglos de los siglos, amèn " ( Apoc 7,10 y 12 )
A todos los bautizados nos conviene y nos hace inmenso bien el preguntarnos, con sencillez y sinceridad: ¿Cuando me llegue la hora de presentarme ante Papa-Dios, me verè acompañado de muchos, hombres y mujeres, que seràn los que certifiquen que se beneficiaron de mi Fe viva y contagiosa, de mi entusiasmo porque todos conocieran a Jesùs ?
Este panorama, espectacular y emocionante, aunque, ahora, lo expresemos màs por imàgenes aproximativas e imperfectas ¡ la realidad superarà con creces nuestra màs increible imaginaciòn ! es para todo creyente, una razòn muy poderosa y convincente, para tomar cada dìa màs en serio nuestra Fe, nuestro compromiso bautismal para evangelizar, para trabajar sin desmayo por anunciar a Jesùs, vivo y resucitado, para que todos, los de cerca y los de lejos, le conozcan, le amen y se salven.
jueves, 25 de marzo de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
¡¡¡ SOMOS INSTRUMENTOS DE JESUS !!!
Un hombre, marchando hacia su oficina, encontrò a varios mendigos, lisiados, y para colmo, en situaciòn muy deplorable. Molesto y airado por ese cuadro humano tan deprimente, elevò sus ojos al cielo y se desahogò con Dios, orando asì: Dios ¿còmo puedes amar tanto al ser humano y, luego, no haces nada por tus hijos que sufren y pasan tantas calamidades ?
Una voz, venida del cielo, le respondiò: Yo ya he hecho lo que me correspondìa: ¡Te he hecho a ti !
¿Què vas a hacer tù, ahora ? "
¡Què grande, bueno y sabio es Papà-Dios!
Podìa haber acaparado todo, demostrar que El es el dueño soberano de todo, que nada se le escapa de sus ojos y menos de su poder, pero prefiriò contar con nuestra colaboraciòn personal. Quiso asociarnos a su obra. ¿No es esto una manera de valorarnos y de amarnos de verdad ?
En el plano espiritual, sucede lo mismo. Dios podìa haber decretado que la salvaciòn de los seres humanos era obra, propia y exclusiva, de El. Podìa haber decidido que cada uno de nosotros fuèramos simples receptores de su plan de salvaciòn. Si lo hubiera hecho asì, habrìa actuado como verdadero Dios.
Sin embargo, quiso elevarnos, engrandecernos a todos, a cada uno de nosotros, depositando su confianza, total y continua, en nuestra pequeña buena voluntad.
En lugar de reclamar a Dios que cambie el mundo y haga demostraciòn de su poder, para que " todos lleguen al conocimiento de la Verdad y se salven por medio de Jesucristo" cada uno de nosotros nos hemos de sentir valorados por El y "orando sin cesar" ponernos a la orden de Dios, dicièndole, con el el corazòn, con la boca y, sobre todo, con todo nuestro ser: "¿ Señor, en què te puedo ayudar, para que todos te conozcan y te amen ? " ¡ Y manos a la obra !
Es fàcil y còmodo reclamar la intervenciòn de Dios para que todo cambie y mejore, olvidàndonos de que Dios nos trata como adultos, como hijos responsables, como colaboradores valiosos, como instrumentos de Jesùs, que El quiere necesitar para realizar, en nosotros y con nosotros, sus planes de Amor y salvaciòn en favor de toda la humanidad. Si DIOS nos ama tanto y confìa plenamente en cada uno de nosotros ¿no nos gozaremos por lo que El nos ama y valora, respondiendo con entusiasmo a tan grandìsima confianza como El nos tiene, siendo cada dìa màs y mejores instrumentos de Jesùs ?
Una voz, venida del cielo, le respondiò: Yo ya he hecho lo que me correspondìa: ¡Te he hecho a ti !
¿Què vas a hacer tù, ahora ? "
¡Què grande, bueno y sabio es Papà-Dios!
Podìa haber acaparado todo, demostrar que El es el dueño soberano de todo, que nada se le escapa de sus ojos y menos de su poder, pero prefiriò contar con nuestra colaboraciòn personal. Quiso asociarnos a su obra. ¿No es esto una manera de valorarnos y de amarnos de verdad ?
En el plano espiritual, sucede lo mismo. Dios podìa haber decretado que la salvaciòn de los seres humanos era obra, propia y exclusiva, de El. Podìa haber decidido que cada uno de nosotros fuèramos simples receptores de su plan de salvaciòn. Si lo hubiera hecho asì, habrìa actuado como verdadero Dios.
Sin embargo, quiso elevarnos, engrandecernos a todos, a cada uno de nosotros, depositando su confianza, total y continua, en nuestra pequeña buena voluntad.
En lugar de reclamar a Dios que cambie el mundo y haga demostraciòn de su poder, para que " todos lleguen al conocimiento de la Verdad y se salven por medio de Jesucristo" cada uno de nosotros nos hemos de sentir valorados por El y "orando sin cesar" ponernos a la orden de Dios, dicièndole, con el el corazòn, con la boca y, sobre todo, con todo nuestro ser: "¿ Señor, en què te puedo ayudar, para que todos te conozcan y te amen ? " ¡ Y manos a la obra !
Es fàcil y còmodo reclamar la intervenciòn de Dios para que todo cambie y mejore, olvidàndonos de que Dios nos trata como adultos, como hijos responsables, como colaboradores valiosos, como instrumentos de Jesùs, que El quiere necesitar para realizar, en nosotros y con nosotros, sus planes de Amor y salvaciòn en favor de toda la humanidad. Si DIOS nos ama tanto y confìa plenamente en cada uno de nosotros ¿no nos gozaremos por lo que El nos ama y valora, respondiendo con entusiasmo a tan grandìsima confianza como El nos tiene, siendo cada dìa màs y mejores instrumentos de Jesùs ?
martes, 9 de marzo de 2010
" Fuego, la iglesia pide fuego "
Hay una canciòn que, una y otra vez, trasmite - con mucha alegrìa este mensaje : " Fuego, la iglesia pide fuego "
¿Es una forma de hablar ? ¿ Es un mensaje incendiario de la Iglesia, ante un mundo apagado, vacìo y alejado de Dios ?
Nada de eso. La Iglesia, presencia y prolongaciòn de Jesùs en el mundo, no hace màs que proclamar, a tiempo y a destiempo, la enseñanza de Cristo, el Señor.
Fue Jesùs el que dijo y sigue diciendo, aunque algunos no quieran oirlo: "He venido a traer Fuego a la tierra, ¡ y cuànto deseo que arda "! (Lc 12,49 )
Jesùs vino a traer fuego, el fuego del Amor. Se trata de que ese fuego haga arder nuestro corazòn y trasnforme toda nuestra vida.
Jesùs nos da el fuego de su Amor, para que nosotros iluminemos y calentemos a todos cuantos nos traten o se acerquen a nosotros.
Ese fuego de Jesùs, ese su Amor, es tan poderoso que puede iluminar, calentar ¡ trasformar ! a todos, a los de cerca y a los de lejos, a conocidos y desconocidos.
Sòlo hace falta que, cada dìa, nos dejemos conquistar por Jesùs y le pidamos al Espìritu Santo - con humildad e insistencia que nos haga arder con el fuego de su Amor, porque " el que arde, calienta "
Recordemos siempre, procuremos no olvidarlo nunca, ser discìpulos de Jesùs es involucrarse con El, asumiendo el fuego de su Amor.
Los santos de todos los tiempos, han sido antorchas vivientes, hombres y mujeres de fuego que, por donde pasaban, ardìan, iluminaban, contagiaban el fuego que llevaban dentro. Asì, Jesùs hizo presente su Amor y salvaciòn.
Y si ellos fueron hombres y mujeres de fuego ¿ Por què nosotros no nos animamos a parecernos a ellos ?
¿Es una forma de hablar ? ¿ Es un mensaje incendiario de la Iglesia, ante un mundo apagado, vacìo y alejado de Dios ?
Nada de eso. La Iglesia, presencia y prolongaciòn de Jesùs en el mundo, no hace màs que proclamar, a tiempo y a destiempo, la enseñanza de Cristo, el Señor.
Fue Jesùs el que dijo y sigue diciendo, aunque algunos no quieran oirlo: "He venido a traer Fuego a la tierra, ¡ y cuànto deseo que arda "! (Lc 12,49 )
Jesùs vino a traer fuego, el fuego del Amor. Se trata de que ese fuego haga arder nuestro corazòn y trasnforme toda nuestra vida.
Jesùs nos da el fuego de su Amor, para que nosotros iluminemos y calentemos a todos cuantos nos traten o se acerquen a nosotros.
Ese fuego de Jesùs, ese su Amor, es tan poderoso que puede iluminar, calentar ¡ trasformar ! a todos, a los de cerca y a los de lejos, a conocidos y desconocidos.
Sòlo hace falta que, cada dìa, nos dejemos conquistar por Jesùs y le pidamos al Espìritu Santo - con humildad e insistencia que nos haga arder con el fuego de su Amor, porque " el que arde, calienta "
Recordemos siempre, procuremos no olvidarlo nunca, ser discìpulos de Jesùs es involucrarse con El, asumiendo el fuego de su Amor.
Los santos de todos los tiempos, han sido antorchas vivientes, hombres y mujeres de fuego que, por donde pasaban, ardìan, iluminaban, contagiaban el fuego que llevaban dentro. Asì, Jesùs hizo presente su Amor y salvaciòn.
Y si ellos fueron hombres y mujeres de fuego ¿ Por què nosotros no nos animamos a parecernos a ellos ?
viernes, 5 de marzo de 2010
Internet: ¡¡Jesús te necesita!!
Es verdad que Jesùs tiene en sus Manos recursos ilimitados para llevar a cabo su plan de salvaciòn, sin embargo, El quiere necesitar de este medio electrònico para llegar al corazòn humano, y eso es màs que suficiente para que todos nosotros nos prestemos, con todo gusto, a facilitar que El lo pueda llevar a cabo, con y desde nuestra colaboraciòn.
Al igual que los apòstoles que cuando querìan justificar la "operaciòn-burrito" simplemente decìan: ¡ El Maestro lo necesita !, tambièn nosotros hemos de utilizar internet, todo lo que podamos y cuanto podamos, como instrumento de evangelizaciòn, dicièndonos y diciendo a todos: ¡Jesùs lo necesita!, invitando y contagiando a cuantos màs podamos, para que tambièn ellos se involucren con Jesùs en esta tarea evangelizadora.
Si nosotros vivimos enamorados de Jesùs, el Espìritu Santo nos irà facilitando modos y maneras para que Jesùs, por nuestro medio, con nuestra pequeña buena voluntad, pueda entrar al corazòn de muchos hombres y mujeres que, gracias a este medio, se podràn encontrar personalmente con Quien les ama y les busca.
Internet es una màquina increible y asombrosa,con infinidad de posibilidades, pero no podemos perder nunca de vista que, su eficacia y su poder, como instrumento de evangelizaciòn es ¡ y serà siempre ! la ORACION y el TESTIMONIO personal, de Fe y de Amor de cada uno de nosotros.
Jesùs, en persona, hoy màs vivo y activo que nunca, nos pide a todos, a cada uno de los que somos suyos, que le anunciemos a El,difundiendo su doctrina y salvaciòn, viviendo unidos a El, en ìntima comuniòn con el Espiritu Santo, para que, asì, El pueda llegar a todos, a los de cerca y a los de lejos, con todos los medios que podamos ¡Internet incluido! y lo hagamos " a tiempo y a destiempo", convencidos de que la Obra es de El y si la hacemos con El, tendrà un feliz resultado, aunque estè oculta a nuestros ojos y se revele cuando todos nos reunamos con EL en el Cielo.-
lunes, 22 de febrero de 2010
¡Ahora ustedes son mis brazos!
Sucediò en un pueblo africano. El paìs estaba en guerra civil. Los rebeldes, enemigos del gobierno,entraban a los pueblos y aldeas, y todo lo que encontraban, lo destruìan y quemaban.
En la Iglesia parroquial, habìa un Cristo crucificado, tamaño natural. Los feligreses lo habìan colocado en el centro del altar. Presidìa la Iglesia, pero, sobre todo, la vida de aquellos hombres y mujeres, que creìan en El y lo amaban como Señor y el Amor de su vida.
Los rebeldes, llenos de furor, heridos por dentro, quisieron ensañarse con aquel pueblo creyente, y para lograr su diabòlico propòsito, decidieron romper los brazos y piernas de Cristo crucificado: lo que no hicieron los enemigos de Cristo en el Calvario ¡ Lo hicieron los rebeldes de turno, quizà drogados, con toda seguridad, cegados por su rabia e ignorancia !
Cuando regresaron los habitantes de aquel pueblo y vieron - con dolor y horror - còmo habìan mutilado tan salvajemente a Cristo, rezaron por los que habìan cometido aquella profanaciòn y ofensa a Dios, para que les perdonara lo que habìan cometido y les diera la posibilidad de cambiar su vida.
Tras una reuniòn de la comunidad parroquial, todos, ¡ por unanimidad ! decidieron no restaurar la imagen de Cristo, dejarla tal como la habìan encontrado: sin brazos, sin pies, pero,colocando un cartel, con letras grandes y muy visibles : ¡Ahora, USTEDES, son mis brazos y mis pies!
Esta comunidad de creyentes, estaba muy bien evangelizada. Habìan aprendido, muy bien, que, desde el momento en que recibimos la Vida de Dios y nacemos como hijos de Dios en el bautismo, formamos parte, somos miembros de Jesùs y somos ¡oh, misterio de Amor! " presencia y prolongaciòn de Jesùs, allì donde vivimos y trabajamos "
Aquellos catòlicos africanos, no inventaban nada nuevo. Simplemente, ponìan de relieve esa realidad, misteriosa y maravillosa, que nos declara Dios mismo, que aparece en la Biblia. Como referencia podemos señalar: Rom. 12,4 y ss; Ef 5,23 y ss; I Cor 12,12 y ss; Gal 3,28. Los catòlicos africanos , al colocar ese cartel, al pensar como pensaban, ponìan en evidencia que Jesùs y nosotros, los bautizados, formamos un solo y ùnico Jesùs. ¡Què maravilla! Como para volvernos locos de felicidad y agradecimiento.
Nos recordaban que podemos - y debemos - ser, dìa a dìa, los pìes y los brazos de Jesùs, hacièndole presente, trabajando para que todos le conozcan y le amen ¿ Cabe mayor honor y categorìa ?
El poeta Mario Pomilio lo expresa asì :
" Cristo ya no tiene manos, / tiene solamente nuestras ma-nos/ para hacer hoy sus obras.
Cristo ya no tiene pies,/ tiene solamente nuestros pies/ para ir hacia los hombres.
Cristo ya no tiene voz,/ solamente tiene nuestra boca..."
Ante ese Amor tan personal e inabarcable, ¿no responderemos con entusiasmo, con todo el corazòn, animàndonos cada dìa a ser los brazos, los pies y la boca de Cristo?
En la Iglesia parroquial, habìa un Cristo crucificado, tamaño natural. Los feligreses lo habìan colocado en el centro del altar. Presidìa la Iglesia, pero, sobre todo, la vida de aquellos hombres y mujeres, que creìan en El y lo amaban como Señor y el Amor de su vida.
Los rebeldes, llenos de furor, heridos por dentro, quisieron ensañarse con aquel pueblo creyente, y para lograr su diabòlico propòsito, decidieron romper los brazos y piernas de Cristo crucificado: lo que no hicieron los enemigos de Cristo en el Calvario ¡ Lo hicieron los rebeldes de turno, quizà drogados, con toda seguridad, cegados por su rabia e ignorancia !
Cuando regresaron los habitantes de aquel pueblo y vieron - con dolor y horror - còmo habìan mutilado tan salvajemente a Cristo, rezaron por los que habìan cometido aquella profanaciòn y ofensa a Dios, para que les perdonara lo que habìan cometido y les diera la posibilidad de cambiar su vida.
Tras una reuniòn de la comunidad parroquial, todos, ¡ por unanimidad ! decidieron no restaurar la imagen de Cristo, dejarla tal como la habìan encontrado: sin brazos, sin pies, pero,colocando un cartel, con letras grandes y muy visibles : ¡Ahora, USTEDES, son mis brazos y mis pies!
Esta comunidad de creyentes, estaba muy bien evangelizada. Habìan aprendido, muy bien, que, desde el momento en que recibimos la Vida de Dios y nacemos como hijos de Dios en el bautismo, formamos parte, somos miembros de Jesùs y somos ¡oh, misterio de Amor! " presencia y prolongaciòn de Jesùs, allì donde vivimos y trabajamos "
Aquellos catòlicos africanos, no inventaban nada nuevo. Simplemente, ponìan de relieve esa realidad, misteriosa y maravillosa, que nos declara Dios mismo, que aparece en la Biblia. Como referencia podemos señalar: Rom. 12,4 y ss; Ef 5,23 y ss; I Cor 12,12 y ss; Gal 3,28. Los catòlicos africanos , al colocar ese cartel, al pensar como pensaban, ponìan en evidencia que Jesùs y nosotros, los bautizados, formamos un solo y ùnico Jesùs. ¡Què maravilla! Como para volvernos locos de felicidad y agradecimiento.
Nos recordaban que podemos - y debemos - ser, dìa a dìa, los pìes y los brazos de Jesùs, hacièndole presente, trabajando para que todos le conozcan y le amen ¿ Cabe mayor honor y categorìa ?
El poeta Mario Pomilio lo expresa asì :
" Cristo ya no tiene manos, / tiene solamente nuestras ma-nos/ para hacer hoy sus obras.
Cristo ya no tiene pies,/ tiene solamente nuestros pies/ para ir hacia los hombres.
Cristo ya no tiene voz,/ solamente tiene nuestra boca..."
Ante ese Amor tan personal e inabarcable, ¿no responderemos con entusiasmo, con todo el corazòn, animàndonos cada dìa a ser los brazos, los pies y la boca de Cristo?
jueves, 18 de febrero de 2010
Ensanchemos el corazón
Fuimos modelados por el Amor personal de PAPA-DIOS. Y fuimos engendrados en su Corazòn, como hijos suyos muy queridos. En lo màs profundo de nuestro ser, en nuestra identidad personal, allì en lo màs ìntimo de nuestra personalidad, el ESPIRITU SANTO quiso grabar una vocaciòn, la razòn de ser de cada uno de nosotros: ser semejantes a EL, participar de su vida divina, por el Amor. Esta es la esencia y lo màs importante de nuestra vida.En nuestra humildad, en nuestra pequeñez personal, las Tres Divinas Personas quisieron sembrar nuestra grandeza y plenitud, nuestra realizaciòn personal: nuestra Felicidad.
¿Còmo lograr esa sublime vocaciòn ?
Por ser imagen y semejanza de Dios, por ser fruto del Amor, las Tres Divinas Personas nos concedieron un corazòn ensanchable. Fuimos engendrados y modelados en el Corazòn de DIOS- TRINIDAD, para amar y ser amados. Nuestra vida personal està hecha por amor y para amar. Esta realidad està como en semilla. Cuando movidos por el Amor, nos abrimos a los demàs, queriendo compartir ese Amor, nuestro corazòn se ensancha, se dilata y ¡ oh, maravilla ! cuanto màs Amor damos, màs aumenta el Amor en nosotros.Ensanchando nuestro corazòn, somos imagen de Dios- Amor. Cuando nos damos a los demàs, es cuando somos de verdad nosotros mismos. Dilatando nuestro corazòn por el Amor, influimos y enriquecemos a los que amamos, pero sobre todo, nos beneficiamos nosotros, ya que amando es como nos humanizamos, nos enriquecemos por dentro. Por esta razòn, cuando queremos ser catòlicos por el Amor es cuando somos ricos, llenos por dentro, felices.Ser catòlico significa abrirse a todos, queriendo compartir el Amor que hemos recibido con todos, con los de cerca y con los de lejos. Amando, compartiendo el tesoro de nuestra Fe, queriendo que todos se beneficien de ese Amor, de esa salvaciòn que hemos recibido, es cuando somos misioneros. Y cuanto màs misioneros, màs catòlicos somos.
O para decirlo màs claro: no podemos ser catòlicos si no somos misioneros, si no amamos.
El dìa de nuestro Bautismo fuimos marcados para ser personas de corazòn tan grande como el mundo. Jesùs nos hizo suyos, nos hizo sus brazos y sus piernas y quiso que su Corazòn fuera, cada dìa, todos los dìas ¡ nuestro corazòn ! ¿Para què? Para que en nuestra humildad y pequeñez El se hiciera presente y asì, en cada uno de nosotros y por medio nuestro, su Amor fuera la fuente de vida y salvaciòn para todos. Somos presencia y prolongaciòn de Jesùs, allì donde vivimos y trabajamos. Nuestro corazòn dilatable no es ya nuestro sino de Jesùs. No lo podemos mantener cerrado sino abierto, para que El nos llene de su Amor y nosotros podamos ser corazones que den Amor, que hagan presente a Jesùs y El ame y salve a todos por medio nuestro.
Si hemos sido creados por amor y para amar, si hemos recibido un corazòn dilatable, lo hemos de ensanchar ¿còmo? amando, aficionàndonos a amar a todos, buscando su bien y ¿què mejor bien que todos conozcan al Dios vivo y verdadero, se aprovechen de su Amor y sean felices, ahora y por toda la eternidad ?
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