Cuentan las crònicas que, un buen dìa, un àngel se colocò en la puerta del Cielo. Sentìa curiosidad, deseaba ver còmo entraban los humanos al Paraìso. Su admiraciòn era tan grande como su sorpresa. Todos cuantos entraban al Cielo eran ¡ pequeños de estatura: niños ! No resistiendo la curiosidad, se dirigiò directamente a san Pedro ¿ Quien mejor que èl para satisfacer su curiosidad ? Le preguntò por què dejaba entrar al Cielo a todas esas criaturas tan pequeñas. El santo Portero, con amplia sonrisa, le respondiò: " Su estatura como humanos que son, es pequeña, pero, todos sin excepciòn, son ¡ gigantes en la Fe y en el Amor !" Ahora, mientras estamos de paso por este mundo camino hacia el Cielo, todos, desde el Papa hasta el ùltimo niño que acaba de bautizarse, somos pequeños, muy pequeños de estatura en comparaciòn con Dios-Grandeza. La Fe y el Amor son los que nos hacen grandes. Cuanto màs Fe y Amor tenemos mayor es nuestra grandeza. Es asì como nos parecemos a Dios.
Jesùs nos hablò muy claro: La puerta del Cielo es estrecha y sòlo los que se hacen como niños podràn entrar. En el momento que nos creemos que somos algo, nos hinchamos y nos imposibilitamos para entrar. No es culpa de la puerta sino de nuestra auto-suficiencia.
Si vivimos abiertos a Dios, reconociendo que somos creaturas y nos alegramos de depender de El, deseando aprovecharnos al màximo de Jesùs y disfrutar cada dìa màs de su Amor, somos gigantes, aunque fìsicamente seamos pequeños.
Todos y cada uno de los santos se gloriaban de ser creaturas de Dios, de depender de El. Reconocìan con gozo que el ùnico grande es Dios y cuanto màs se unìan a El, tanto màs se gozaban de su grandeza, adoràndole y dàndole gracias por saberse creaturas, muy amadas de El. Somos autènticos, normales, personas sanas cuando aceptamos, con sencillez y naturalidad, que somos creaturas, seres pequeños, esencialmente dependientes de Dios. Los mèdicos lo confirman declarando que cuando una persona se endiosa, se cree autosuficiente no sòlo se engaña sino que èl mismo se daña. La lista de desajustes y enfermedades mentales por esta causa tiene principio pero no tiene fin. Todos los que pretenden ser lo que no son, no sòlo se enferman y se hacen desgraciados sino que, hinchàndose ahora, ellos mismos se imposiblitan para entrar por la puerta estrecha del Cielo ¡ Què desgracia tan mayùscula ! ¿ No son dignos de làstima y sobre todo, de que oremos por todos ellos ?
El Espìritu Santo quiere, desea ardientemente que seamos sanos y santos, personas que nos queramos cada dìa màs a nosotros mismos, ya que aceptando lo que somos, asumiendo nuestra relaciòn con Dios, merecemos lo que Dios nos promete : ser grandes y felices, ahora y por toda la eternidad.-
martes, 15 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
¡Me encanta Evangelizar!
Les confieso que oir esa frase me alegrò sobremanera. Me la dijo, con emociòn y gozo, una " jovencita " de 80 añitos. Le saliò de adentro. Fue algo muy espòntaneo. Fue una confidencia de alguien que habla en familia, que lo siente y necesita decirlo. Sobra decir que esa frase venìa de una mujer de fe, de alguien que tenìa muy clara su conciencia de pertenecer a una Iglesia misionera. No podìa menos que expresar lo que vivìa. Esta mujer era anciana, pero se sentìa llena de vitalidad ¿Podìa ser de otra manera? La Fe vivida en clave de amor necesita ser compartida. Una fe que no se comparte es una fe tan pobre como deficiente.
Seamos niños o ancianos, jòvenes o adultos, casados o solteros, sanos o enfermos, muy santos o poco fervorosos, todos hemos de sentir la necesidad y urgencia de compartir nuestra Fe. La misiòn es parte esencial de nuestra vida cristiana-catòlica.
Cada dìa, desde que abrimos los ojos por la mañana y los cerramos por la noche, el Espìritu Santo nos recuerda, cada dìa,de muchìsimas maneras, que todos tenemos que ser evangelios vivientes, testimonios de Jesùs. Ese es el mejor y màs elocuente modo de evangelizar. Luego, a tiempo y a destiempo, aprovechando todas las oportunidades que se nos presentan cada dìa, hemos de hacerle propaganda a Jesùs, recordando a todos que "si Dios nos ama y nos entrega a Jesùs, quien ha dado hasta la ùltima gota de su Sangre por nosotros, resucitando con y para cada uno de nosotros" nuestra felicidad ha de ser aprovecharnos de El: conocerle y amarle.
Si vivimos nuestra Fe, en espìritu y en verdad, advertiremos, con gozo y gran sorpresa por parte nuestra, que se nos presentan muchas ocasiones para compartir nuestra fe, y lo mejor de todo es que evangelizaremos con toda sencillez y naturalidad. Habrà quienes se abren a la gracia y se alegraràn de haber recibido la Mejor Noticia, pero tambièn otros se haràn los sordos. Tanto en uno y otro caso, nosotros siempre saldremos beneficiados y enriquecidos.
Tambièn podemos vivir nuestra misiòn ofreciendo -cada dìa - nuestras oraciones, trabajos y sufrimientos con los de Jesùs por la Salvaciòn de todos: por los que nos encontremos en nuestro diario vivir y por los que estàn lejos y no conocemos.
La ancianita de 80 años nos recuerda a todos que ¡nunca como hoy! vale la pena ser cristiano-catòlico y trabajar con Jesùs para que todos le conozcan y le amen.
Si ella reconoce, con inmenso gozo y satisfacciòn: "¡Me encanta evangelizar!" ¿no es verdad que todos los bautizados tendrìamos que decir lo mismo? convencidos de que evangelizar es el mejor modo de poner de relieve que sabemos valorar el tesoro de nuestra fe y de demostrar que sabemos amar buscando el bien de todos.-
Seamos niños o ancianos, jòvenes o adultos, casados o solteros, sanos o enfermos, muy santos o poco fervorosos, todos hemos de sentir la necesidad y urgencia de compartir nuestra Fe. La misiòn es parte esencial de nuestra vida cristiana-catòlica.
Cada dìa, desde que abrimos los ojos por la mañana y los cerramos por la noche, el Espìritu Santo nos recuerda, cada dìa,de muchìsimas maneras, que todos tenemos que ser evangelios vivientes, testimonios de Jesùs. Ese es el mejor y màs elocuente modo de evangelizar. Luego, a tiempo y a destiempo, aprovechando todas las oportunidades que se nos presentan cada dìa, hemos de hacerle propaganda a Jesùs, recordando a todos que "si Dios nos ama y nos entrega a Jesùs, quien ha dado hasta la ùltima gota de su Sangre por nosotros, resucitando con y para cada uno de nosotros" nuestra felicidad ha de ser aprovecharnos de El: conocerle y amarle.
Si vivimos nuestra Fe, en espìritu y en verdad, advertiremos, con gozo y gran sorpresa por parte nuestra, que se nos presentan muchas ocasiones para compartir nuestra fe, y lo mejor de todo es que evangelizaremos con toda sencillez y naturalidad. Habrà quienes se abren a la gracia y se alegraràn de haber recibido la Mejor Noticia, pero tambièn otros se haràn los sordos. Tanto en uno y otro caso, nosotros siempre saldremos beneficiados y enriquecidos.
Tambièn podemos vivir nuestra misiòn ofreciendo -cada dìa - nuestras oraciones, trabajos y sufrimientos con los de Jesùs por la Salvaciòn de todos: por los que nos encontremos en nuestro diario vivir y por los que estàn lejos y no conocemos.
La ancianita de 80 años nos recuerda a todos que ¡nunca como hoy! vale la pena ser cristiano-catòlico y trabajar con Jesùs para que todos le conozcan y le amen.
Si ella reconoce, con inmenso gozo y satisfacciòn: "¡Me encanta evangelizar!" ¿no es verdad que todos los bautizados tendrìamos que decir lo mismo? convencidos de que evangelizar es el mejor modo de poner de relieve que sabemos valorar el tesoro de nuestra fe y de demostrar que sabemos amar buscando el bien de todos.-
martes, 1 de febrero de 2011
Historial de amor y heroismo
Hace poco, segùn las noticias trasmitidas por los òrganos noticiosos de la Iglesia, se inaugurò un Museo Misionero en la ciudad de Roma. Asì tenìa que ser, dado que allì està el corazòn de la Iglesia Universal y la Sede del Vicario de Cristo. Por lo que dicen las agencias de noticias, dicho Museo es tan grande como impresionante. Es un museo moderno, equipado con todas las tècnicas modernas, realizado con criterios y medios vanguardistas, tal como debe ser un museo siglo XXI. Aunque no lo he visitado personalmente, estoy seguro que conocerlo y recorrerlo en sus distintas salas serà una experiencia tan provechosa como enriquecedora. Todos cuantos entren en èl reconoceràn que esa "visita" ha valido la pena desde todo punto de vista. Aprenderàn muchas cosas, recordaràn otras, pero sobre todo, serà una gracia muy especial para tomar mayor conciencia de nuestra Fe Catòlica- y sobre todo, para agradecer a la Santìsima Trinidad - este tesoro de los tesoros que hemos recibido ¡para compartirlo con todos : con los de cerca y con los de lejos!
Advertirà que, a diferencia de los otros museos, esa "visita" ha sido una experiencia profunda y distinta a todas las otras ¿Por què? Porque ayuda a crecer en la Fe y en los que no la tienen para que la valoren y la pidan. Tambièn porque nos ayuda a ser màs conscientes de lo que significa pertenecer a la Familia de Jesùs, ser miembro vivo y activo ¡misionero de una Iglesia Misionera por naturaleza!
Pero, por muy moderno, avanzado y tènico que sea este Museo Misionero y nos veamos impulsados a felicitar muy de veras a todos los que han hecho posible esta obra de animaciòn misionera, lo importante es lo que no se ve. Por mucho y claramente que se elogie y se valore la entrega y dedicaciòn de esa multitud incontable de misioneros, hombres y mujeres, que han dado su vida por causa del Evangelio, historial de Jesùs viviendo y buscando la salvaciòn de todos los seres humanos, ¡sòlo en el Cielo! seremos capaces de comprender en toda su riqueza la Historia de Amor y Heroismo que JESUS ha ido escribiendo con y desde todos los misioneros, en la vanguardia y retaguardia, a lo largo y ancho de todo el mundo en estos 2.000 años de vida cristiana misionera.
Todo ello nos ha de ayudar a valorar nuestra Fe, a vivirla con gozo, agradecimieto y siempre en clave misionera, convencidos de que esta es la manera de merecerla y sacar el màximo provecho de ella.
El Museo Misionero, aunque no lo visitemos personalmente, es otra manera de recordarnos a todos que: hemos recibido nuestra Fe Catòlica para compartirla, ya que esa es la misiòn que Jesùs personalmente nos confiò a cada uno de nosotros en el Dìa por excelencia: en el Dìa- Acontecimiento de nuestro Bautismo.
Dichosos nosotros si cada dìa abrimos nuestro corazòn a las inspiraciones del Espìritu Santo que quiere que cada uno de nosotros nos aprovechemos al màximo de Jesùs y disfrutemos cada dìa màs y màs de su Amor, queriendo trabajar con El para que todos le conozcan y le amen.-
Advertirà que, a diferencia de los otros museos, esa "visita" ha sido una experiencia profunda y distinta a todas las otras ¿Por què? Porque ayuda a crecer en la Fe y en los que no la tienen para que la valoren y la pidan. Tambièn porque nos ayuda a ser màs conscientes de lo que significa pertenecer a la Familia de Jesùs, ser miembro vivo y activo ¡misionero de una Iglesia Misionera por naturaleza!
Pero, por muy moderno, avanzado y tènico que sea este Museo Misionero y nos veamos impulsados a felicitar muy de veras a todos los que han hecho posible esta obra de animaciòn misionera, lo importante es lo que no se ve. Por mucho y claramente que se elogie y se valore la entrega y dedicaciòn de esa multitud incontable de misioneros, hombres y mujeres, que han dado su vida por causa del Evangelio, historial de Jesùs viviendo y buscando la salvaciòn de todos los seres humanos, ¡sòlo en el Cielo! seremos capaces de comprender en toda su riqueza la Historia de Amor y Heroismo que JESUS ha ido escribiendo con y desde todos los misioneros, en la vanguardia y retaguardia, a lo largo y ancho de todo el mundo en estos 2.000 años de vida cristiana misionera.
Todo ello nos ha de ayudar a valorar nuestra Fe, a vivirla con gozo, agradecimieto y siempre en clave misionera, convencidos de que esta es la manera de merecerla y sacar el màximo provecho de ella.
El Museo Misionero, aunque no lo visitemos personalmente, es otra manera de recordarnos a todos que: hemos recibido nuestra Fe Catòlica para compartirla, ya que esa es la misiòn que Jesùs personalmente nos confiò a cada uno de nosotros en el Dìa por excelencia: en el Dìa- Acontecimiento de nuestro Bautismo.
Dichosos nosotros si cada dìa abrimos nuestro corazòn a las inspiraciones del Espìritu Santo que quiere que cada uno de nosotros nos aprovechemos al màximo de Jesùs y disfrutemos cada dìa màs y màs de su Amor, queriendo trabajar con El para que todos le conozcan y le amen.-
miércoles, 26 de enero de 2011
LO MAS GRANDE DE TODO
Acabo de leer una frase muy hermosa, un mensaje directo al corazòn de cuantos lo leen : "Para un cristiano hablar de Cristo es lo màs grande de todo. Yo creo que todos los cristianos hemos nacido para hablar de El" ( Esto lo escribiò un creyente apasionado de Jesùs : el P. Martìn Descalzo )
Confieso que esta frase me ha impresionado, ha tocado mi corazòn. Me reconozco deudor de este hombre. Sabìa escribir muy bien, pero sobre todo, reflejaba lo que èl era y vivìa. Sus libros me han hecho mucho bien, han dejado huella dentro de mi. Y, aunque no pueda compararme con èl y estè lejos de escribir con la maestrìa con que lo hacìa èl, me tomo la libertad de añadir lo que èl, con toda seguridad, suscribirìa con agrado y de todo corazòn: "Todo bautizado està tan intima y misteriosamente unido a Jesùs que forma parte de El, de tal manera que Jesùs se hace presente y se prolonga, allì donde vive y trabaja. Por eso, su mayor felicidad ha de ser reflejar a Jesùs con su manera de ser y de vivir, deseando que todos le conozcan y le amen. Esta misiòn es, sin duda ninguna, lo màs grande de todo. Para esto hemos recibido el bautismo"
Soy consciente de que una verdad se puede expresar de varias maneras, todas ellas bellas y expresivas. Un misterio tan profundo e inabarcable como es que Jesùs, siendo Dios, haya querido elevarnos hasta El, dàndonos la categorìa divina màs increible y sublime: hacernos Cuerpo suyo siendo El nuestra Cabeza, nadie lo puede comprender, solamente asumir y agradecer.
Centrados en Jesùs, iluminados y guiados por el Espìritu Santo, todos y cada uno de nosotros hemos de vivir convencidos - y cada dìa màs - de que no hay grandeza comparable a la que nosotros hemos recibido: ser verdaderos hijos de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo, herederos del Cielo, anunciadores de Jesùs y de su salvaciòn.
Todos los santos ¡todos sin excepciòn! fijaron sus ojos en Jesùs y valoraron el tesoro de su fe como lo màs grande y valioso de todo. Todos ellos fueron sabios e inteligentes porque se consagraron por entero a Jesùs, a los bienes eternos. Por esta razòn, fueron grandes evangelizadores y lograron grandes empresas en favor de sus hermanos, los hombres.
Los santos de todos los tiempos valoraron los bienes materiales como medios, los utilizaban como ayuda. Para cada uno de ellos, Jesùs,la Iglesia, la vida divina, el Cielo, la salvaciòn de todos ese era su tesoro màs querido. Y asì tiene que ser en cada uno de nosotros.
Serìamos muy ciegos y muy locos si amàramos tanto los bienes pasajeros que descuidaramos los verdaderos, los eternos.
Cada dìa, todos los dìas, hemos de buscar, valorar y promover " lo màs grande de todo ": Jesùs, nuestra categorìa divina de hijos, nuestra misiòn de anunciadores de la Mejor Noticia, el mandamiento del Amor, buscando siempre el bienestar y la salvaciòn de todos, con los pies firmes en el suelo pero con el corazòn cada vez màs fijo en el Cielo.
Es verdad que - para muchos - "lo màs grande de todo" es lo material, el progreso, el puro bienestar, sea corporal o visible, lo de este mundo temporal, olvidando o rechazando lo espiritual, y esta tràgica realidad nos ha de impulsar a valorar cada dìa màs y màs el tesoro de nuestra fe, nuestra categorìa divina, nuestra salvaciòn y felicidad eterna, orando por todos los que estàn ciegos y esclavos de su oscuridad, animàndonos a evangelizar " a tiempo y a destiempo ". Ahì està nuestra grandeza. Esa es nuestra misiòn que Jesùs en persona nos ha querido confiar. ¡Què dicha la nuestra! ¡Què privilegio tan grande el nuestro!
Confieso que esta frase me ha impresionado, ha tocado mi corazòn. Me reconozco deudor de este hombre. Sabìa escribir muy bien, pero sobre todo, reflejaba lo que èl era y vivìa. Sus libros me han hecho mucho bien, han dejado huella dentro de mi. Y, aunque no pueda compararme con èl y estè lejos de escribir con la maestrìa con que lo hacìa èl, me tomo la libertad de añadir lo que èl, con toda seguridad, suscribirìa con agrado y de todo corazòn: "Todo bautizado està tan intima y misteriosamente unido a Jesùs que forma parte de El, de tal manera que Jesùs se hace presente y se prolonga, allì donde vive y trabaja. Por eso, su mayor felicidad ha de ser reflejar a Jesùs con su manera de ser y de vivir, deseando que todos le conozcan y le amen. Esta misiòn es, sin duda ninguna, lo màs grande de todo. Para esto hemos recibido el bautismo"
Soy consciente de que una verdad se puede expresar de varias maneras, todas ellas bellas y expresivas. Un misterio tan profundo e inabarcable como es que Jesùs, siendo Dios, haya querido elevarnos hasta El, dàndonos la categorìa divina màs increible y sublime: hacernos Cuerpo suyo siendo El nuestra Cabeza, nadie lo puede comprender, solamente asumir y agradecer.
Centrados en Jesùs, iluminados y guiados por el Espìritu Santo, todos y cada uno de nosotros hemos de vivir convencidos - y cada dìa màs - de que no hay grandeza comparable a la que nosotros hemos recibido: ser verdaderos hijos de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo, herederos del Cielo, anunciadores de Jesùs y de su salvaciòn.
Todos los santos ¡todos sin excepciòn! fijaron sus ojos en Jesùs y valoraron el tesoro de su fe como lo màs grande y valioso de todo. Todos ellos fueron sabios e inteligentes porque se consagraron por entero a Jesùs, a los bienes eternos. Por esta razòn, fueron grandes evangelizadores y lograron grandes empresas en favor de sus hermanos, los hombres.
Los santos de todos los tiempos valoraron los bienes materiales como medios, los utilizaban como ayuda. Para cada uno de ellos, Jesùs,la Iglesia, la vida divina, el Cielo, la salvaciòn de todos ese era su tesoro màs querido. Y asì tiene que ser en cada uno de nosotros.
Serìamos muy ciegos y muy locos si amàramos tanto los bienes pasajeros que descuidaramos los verdaderos, los eternos.
Cada dìa, todos los dìas, hemos de buscar, valorar y promover " lo màs grande de todo ": Jesùs, nuestra categorìa divina de hijos, nuestra misiòn de anunciadores de la Mejor Noticia, el mandamiento del Amor, buscando siempre el bienestar y la salvaciòn de todos, con los pies firmes en el suelo pero con el corazòn cada vez màs fijo en el Cielo.
Es verdad que - para muchos - "lo màs grande de todo" es lo material, el progreso, el puro bienestar, sea corporal o visible, lo de este mundo temporal, olvidando o rechazando lo espiritual, y esta tràgica realidad nos ha de impulsar a valorar cada dìa màs y màs el tesoro de nuestra fe, nuestra categorìa divina, nuestra salvaciòn y felicidad eterna, orando por todos los que estàn ciegos y esclavos de su oscuridad, animàndonos a evangelizar " a tiempo y a destiempo ". Ahì està nuestra grandeza. Esa es nuestra misiòn que Jesùs en persona nos ha querido confiar. ¡Què dicha la nuestra! ¡Què privilegio tan grande el nuestro!
martes, 18 de enero de 2011
SOMOS HIJOS DE LA LUZ ¡ILUMINEMOS!
El Dìa por excelencia, el Dìa màs grande e importante de todos es, sin duda ninguna, el Dìa de nuestro Bautismo. Ese Dìa serà memorable por toda la eternidad ¿Por què? Porque en ese Dìa nacimos de Dios, fuimos injertados en Cristo Jesùs, hechos hijos de la Luz con una misiòn muy concreta y apasionante : ser ¡Iluminadores!
Aquel Dìa, Dìa con mayùscula, todos y cada uno de nosotros recibimos la categorìa divina màs sublime: ser hijos verdaderos de Dios, pero tambièn una tarea personal : dejar que Jesùs- Luz brille en nuestra vida personal.
Jesùs nos ama a nosotros con un amor tan personal e inabarcable que nos ha hecho ¡Su cuerpo! Sabe perfectisimamente que somos de barro, pura pequeñez y debilidad y, sin embargo, confìa tantìsimo en nosotros que quiere brillar en nosotros, iluminar a todos con su Luz.
La Luz que nos ha dado es luz divina y como tal es potente, capaz de iluminar a todos, a los de cerca y a los de lejos ¡Què misterio tan grande y fascinante, aunque no lo comprendamos!
Jesùs nos pide tan sòlo : nuestra pequeña buena voluntad, nuestra humilde colaboraciòn personal. Con esa pequeñez, El es capaz de hacer maravillas, a cual màs admirable e increible.
Su Luz en nosotros es realmente poderosa. Puede iluminar no sòlo nuestra existencia personal sino la de todos: cercanos y lejanos. ¡Què grande y bueno es nuestro Dios!
Aunque no seamos personas importantes ni tengamos relieve social, Jesùs quiere necesitar nuestra pequeña buena voluntad para iluminar a todo hombre y a toda mujer. Tremendo misterio que desborda toda nuestra imaginaciòn. Jesùs- Luz ilumina màs allà de lo que nosotros podamos pensar o calcular. Esta es una gran y maravillosa verdad aunque nosotros no podamos advertir cuàndo ni còmo lo hace.
A cada uno de nosotros nos pide algo muy sencillo: que nos dejemos poseer y amar por El, para que El sea la Luz de nuestra vida personal y por nuestro medio siga iluminando " a todo hombre que viene a este mundo "
Todos sabemos muy bien que nuestro mundo es una noche muy oscura, pero hemos de saber inmensamente mejor que Jesùs es la Luz que ha de iluminar a todos, convencidos de que lo quiere hacer ¡en nosotros y por medio de cada uno de nosotros!
Como personas de fe, todo nuestro empeño se ha de centrar en Jesùs- Luz de todos. Cada dìa pondremos alma, corazòn y vida en vivir - ìntima y gozosamente - unidos a Jesùs, preocupados en llenarnos de El, de su Luz, buscando maneras de que todos sean iluminados por Jesùs.
Convencidos de que es infinitamente màs importante Jesùs y su Luz que todas las oscuridades y negruras que podamos ver, todo nuestro afàn serà pedirle, cada dìa, todos los dìas, al Espìritu Santo que nos llene màs y màs de Jesùs, para que cada dìa seamos màs y mejores iluminadores.
Esa es nuestra categorìa divina. Esta ha de ser nuestra felicidad.
Creo que el que compuso esta oraciòn : " Señor Jesùs, te pedi mos que cuantos nos miren a nosotros, te vean a Ti " habìa dicho con pocas palabras la gran verdad de nuestra vida cristiana. Hemos recibido la Luz, hemos sido hechos hijos de la Luz, todos estamos llamados a ser ¡ ILUMINADORES !.-
Aquel Dìa, Dìa con mayùscula, todos y cada uno de nosotros recibimos la categorìa divina màs sublime: ser hijos verdaderos de Dios, pero tambièn una tarea personal : dejar que Jesùs- Luz brille en nuestra vida personal.
Jesùs nos ama a nosotros con un amor tan personal e inabarcable que nos ha hecho ¡Su cuerpo! Sabe perfectisimamente que somos de barro, pura pequeñez y debilidad y, sin embargo, confìa tantìsimo en nosotros que quiere brillar en nosotros, iluminar a todos con su Luz.
La Luz que nos ha dado es luz divina y como tal es potente, capaz de iluminar a todos, a los de cerca y a los de lejos ¡Què misterio tan grande y fascinante, aunque no lo comprendamos!
Jesùs nos pide tan sòlo : nuestra pequeña buena voluntad, nuestra humilde colaboraciòn personal. Con esa pequeñez, El es capaz de hacer maravillas, a cual màs admirable e increible.
Su Luz en nosotros es realmente poderosa. Puede iluminar no sòlo nuestra existencia personal sino la de todos: cercanos y lejanos. ¡Què grande y bueno es nuestro Dios!
Aunque no seamos personas importantes ni tengamos relieve social, Jesùs quiere necesitar nuestra pequeña buena voluntad para iluminar a todo hombre y a toda mujer. Tremendo misterio que desborda toda nuestra imaginaciòn. Jesùs- Luz ilumina màs allà de lo que nosotros podamos pensar o calcular. Esta es una gran y maravillosa verdad aunque nosotros no podamos advertir cuàndo ni còmo lo hace.
A cada uno de nosotros nos pide algo muy sencillo: que nos dejemos poseer y amar por El, para que El sea la Luz de nuestra vida personal y por nuestro medio siga iluminando " a todo hombre que viene a este mundo "
Todos sabemos muy bien que nuestro mundo es una noche muy oscura, pero hemos de saber inmensamente mejor que Jesùs es la Luz que ha de iluminar a todos, convencidos de que lo quiere hacer ¡en nosotros y por medio de cada uno de nosotros!
Como personas de fe, todo nuestro empeño se ha de centrar en Jesùs- Luz de todos. Cada dìa pondremos alma, corazòn y vida en vivir - ìntima y gozosamente - unidos a Jesùs, preocupados en llenarnos de El, de su Luz, buscando maneras de que todos sean iluminados por Jesùs.
Convencidos de que es infinitamente màs importante Jesùs y su Luz que todas las oscuridades y negruras que podamos ver, todo nuestro afàn serà pedirle, cada dìa, todos los dìas, al Espìritu Santo que nos llene màs y màs de Jesùs, para que cada dìa seamos màs y mejores iluminadores.
Esa es nuestra categorìa divina. Esta ha de ser nuestra felicidad.
Creo que el que compuso esta oraciòn : " Señor Jesùs, te pedi mos que cuantos nos miren a nosotros, te vean a Ti " habìa dicho con pocas palabras la gran verdad de nuestra vida cristiana. Hemos recibido la Luz, hemos sido hechos hijos de la Luz, todos estamos llamados a ser ¡ ILUMINADORES !.-
martes, 11 de enero de 2011
TODOS ¡¡¡ ESTRELLAS DE BELEN !!!
Cuando leemos el pasaje bìblico de los Magos buscando a Jesùs y nos detenemos a considerar què fe tan grande y admirable la de aquellos hombres, el pensamiento, nuestra atenciòn se suele centrar en... la estrella de Belèn.Ella facilitò el que los " los magos encontraran a Jesùs " y lo encontraron en brazos de Marìa, su Madre.
Pensando en la estrella advertimos - dentro de nosotros - diversos sentimientos: gozo, admiraciòn e, incluso, una santa envidia y nos preguntamos a nosotros mismos: ¿ Quièn pudiera tener esa dicha, ese privilegio de poder ser guìa para todos aquellos, hombres y mujeres que buscan a Jesùs deseando que todos lo puedan encontrar, con nuestra ayuda y colaboraciòn ?
Desde el Dìa-Acontecimiento ¡ el Dìa de nuestro Bautismo ! - todos sin excepciòn - hemos sido elegidos, enviados al mundo como "estrellas y guìas " para que, todos los seres humanos, que buscan la Felicidad, la encuentren en El.San Agustìn decìa : "Todo ser humano busca la Felicidad y cuando encuentra a Dios, encuentra la Felicidad"
Jesùs mismo, El en persona, fue el que nos diò la misiòn de ser estrellas-guìas de El, en la noche de este mundo.
Que los buscadores de la Felicidad sean muchìsimos o bastantes, que nos miren a nosotros o no nos tomen en cuenta, eso es secundario. Lo nuestro, lo esencial y propio de nosotros, creyentes en Jesùs, es : iluminar y guiar, con nuestra fe viva,gozosa y contagiosa.
Seamos estrellas muy grandes o pequeñas, lo que verdaderamente importa es que la Luz de Dios brilla esplendorosa en cada uno de nosotros para que, de esta manera, seamos buenos guìas, magnìficos facilitadores de cuantos buscan a Jesùs y todos lo puedan encontrar.
Si el Espìritu Santo ha querido recalcar que " al Niño Jesùs lo encontraron con Marìa, su Madre " lo ha hecho para que fomentemos - cuanto màs podamos - la importancia de la Virgen Marìa como lugar privilegiado para encontrar a Jesùs.
Recordemos siempre que el Papa Pablo VI, desde la Palabra de Dios y la doctrina permanente de la iglesia, dijo pùblicamente :" La devociòn a la Santìsima Virgen Marìa es esencial a nuestra fe catòlica " Por eso, cuanto màs propaguemos la devociòn a la Virgen Marìa, màs y mejores discìpulos de Jesùs seremos, màs luminosas estrellas seremos, màs facilitaremos el que todos le encuentren a El, le conozcan y le amen.
Hoy màs que nunca, todos : niños y ancianos, jòvenes y adultos, nos hemos de entusiasmar en esa hermosa y apasionante misiòn que Jesûs en persona nos ha querido confiar: ser estrellas, siempre luminosas, en la noche de este mundo, para que todos le encuentren a El, le conozcan y le amen y sean felices, ahora y por toda la eternidad.
El confìa en cada uno de nosotros. No podemos defraudar a Quien tanto nos valora y nos ama.-
martes, 4 de enero de 2011
ESTA " MISS AMERICA " FUE REINA DE VERDAD
No sè si ustedes han oido hablar de Kaye Lani Lafko. Permìtanme que les ofrezca unas notas personales sobre ella. Hace unos años supo conquistar, por su belleza, el tìtulo de "Miss Amèrica". Desde el momento que fue coronada como reina, le llovieron contratos multimillonarios para filmar pelìculas en Hollywood, para ser presentadora en programas de TV, e incluso, grandes empresas multinacionales le quisieron contratar para sus campañas publicitaria. Pero ella, con toda sencillez y naturalidad, manifestò que agradecìa esas ofertas realmente tentadoras, pero que su puesto estaba en el hospital San Vicente de Toledo ( Ohio. EE.UU )
Ella era enfermera. Se sentìa feliz trabajando por los enfermos y no querìa cambiar esto por nada.
Su mensaje fue claro : " Durante el tiempo que llevo de enfermera, he podido tomar conciencia, claramente, que mi vocaciòn es atender a los enfermos de càncer. Ellos necesitan de alguien que sepa escucharles. Necesitan de alguien que les acompañe y les ofrezca tanto una ayuda tècnica como ayuda humana, moral, espiritual. Necesitan que alguien les sonrìa, que les ame, que les diga unas palabras amables... que les infunda ànimo, paz y alegrìa... y como yo creo que poseo estos carismas, lo màs normal es que me dedique a servir a los enfermos terminales de càncer "
Para que todos pudieran entender el por què de esa decisiòn tan "extraña y sorprendente " añadiò lo siguiente : " Me ha ayudado mucho a tomar esta resoluciòn mi fe catòlica. Ademàs, miro la muerte no como punto final, sino como el ùltimo estadio de esta vida y el inicio de otra vida inmensamente mejor: la Vida Eterna que es poder vivir la Felicidad total en Jesucristo "
Sus muchos admiradores, los productores cinematogràficos, los dueños de los medios de comunicaciòn social, los papparazzi y periodistas, la opiniòn pùblica ... no salìan de su asombro, no podìan dar crèdito a lo que ellos mismos oìan de labios de la interesada, pero se vieron obligados a rendirse a la realidad. Kaye Lani Lafko querìa ser reina, pero reina de verdad. No querìa ser famosa ni millonaria. Su mayor aspiraciòn era estar con los enfermos, compartir su vida con ellos, acompañarles hasta el final con amor y alegrìa. Su corona màs preciosa se la daban los enfermos, y, aunque no era visible, ella la valoraba inmensamente màs que todos los millones, aplausos y reportajes. Sabìa muy bien que su testimonio de fe y amor no iba a ser comprendido por muchos, pero, sabìa muchìsimo mejor, por experiencia- dìa a dìa -, el apoyo y afecto sinceros de los enfermos. Ellos si valoraban y comprendìan su dedicaciòn y entrega. Ella les querìa de verdad. Ellos le admiraban y le amaban. Feliz, ella; felices ellos ¿ No es esto anticipar el Cielo en la tierra ?. Esta mujer fue testimonio.
Ella era enfermera. Se sentìa feliz trabajando por los enfermos y no querìa cambiar esto por nada.
Su mensaje fue claro : " Durante el tiempo que llevo de enfermera, he podido tomar conciencia, claramente, que mi vocaciòn es atender a los enfermos de càncer. Ellos necesitan de alguien que sepa escucharles. Necesitan de alguien que les acompañe y les ofrezca tanto una ayuda tècnica como ayuda humana, moral, espiritual. Necesitan que alguien les sonrìa, que les ame, que les diga unas palabras amables... que les infunda ànimo, paz y alegrìa... y como yo creo que poseo estos carismas, lo màs normal es que me dedique a servir a los enfermos terminales de càncer "
Para que todos pudieran entender el por què de esa decisiòn tan "extraña y sorprendente " añadiò lo siguiente : " Me ha ayudado mucho a tomar esta resoluciòn mi fe catòlica. Ademàs, miro la muerte no como punto final, sino como el ùltimo estadio de esta vida y el inicio de otra vida inmensamente mejor: la Vida Eterna que es poder vivir la Felicidad total en Jesucristo "
Sus muchos admiradores, los productores cinematogràficos, los dueños de los medios de comunicaciòn social, los papparazzi y periodistas, la opiniòn pùblica ... no salìan de su asombro, no podìan dar crèdito a lo que ellos mismos oìan de labios de la interesada, pero se vieron obligados a rendirse a la realidad. Kaye Lani Lafko querìa ser reina, pero reina de verdad. No querìa ser famosa ni millonaria. Su mayor aspiraciòn era estar con los enfermos, compartir su vida con ellos, acompañarles hasta el final con amor y alegrìa. Su corona màs preciosa se la daban los enfermos, y, aunque no era visible, ella la valoraba inmensamente màs que todos los millones, aplausos y reportajes. Sabìa muy bien que su testimonio de fe y amor no iba a ser comprendido por muchos, pero, sabìa muchìsimo mejor, por experiencia- dìa a dìa -, el apoyo y afecto sinceros de los enfermos. Ellos si valoraban y comprendìan su dedicaciòn y entrega. Ella les querìa de verdad. Ellos le admiraban y le amaban. Feliz, ella; felices ellos ¿ No es esto anticipar el Cielo en la tierra ?. Esta mujer fue testimonio.
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